Estudiantes investigadores y víctimas: investigar, intervenir y recordar en contexto de conflicto armado en el Medio Atrato (Chocó), Colombia

  • Claudia Howald Fundación Universitaria Claretiana. Quibdó, Colombia.

Resumen

El trabajo tiene su origen en un proceso académico de investigación formativa con estudiantes universitarios de Trabajo social del Medio Atrato (Chocó), afrocolombianos e indígenas, todos víctimas del conflicto armado. El proyecto desarrollado colectivamente tiene el objetivo de determinar los daños de la guerra en poblaciones urbanas y rurales del Medio Atrato e identificar propuestas locales de reparación. El artículo presenta los principales resultados, centrándose en las historias de vida de los estudiantes, pero sobre todo enfatiza la especificidad de los investigadores y del contexto local, subrayando aspectos reflexivos y subjetivos del proceso. Su objetivo es resaltar los retos que el paso hacia un posconflicto puede significar para las universidades. En este sentido mostramos cómo un proyecto de investigación va más allá de lo académico, y puede generar cambios en los propios investigadores, los entrevistados y las comunidades. Esto implica cuestionar y descolonizar prácticas académicas e investigativas establecidas hasta el presente.

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Biografía del Autor

Claudia Howald, Fundación Universitaria Claretiana. Quibdó, Colombia.

Antropóloga con Maestría en Ciencias humanas y sociales de la Universidad de Neuchâtel, Suiza (2012). Docente catedrática e investigadora de la Fundación Universitaria Claretiana en Quibdó, Colombia. 

Citas

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Publicado
2017-10-31
Como citar
HOWALD, Claudia. Estudiantes investigadores y víctimas: investigar, intervenir y recordar en contexto de conflicto armado en el Medio Atrato (Chocó), Colombia. PROSPECTIVA. Revista de Trabajo Social e Intervención Social, [S.l.], n. 24, p. 205-224, oct. 2017. ISSN 2389-993X. Disponible en: <http://nexus.univalle.edu.co/index.php/prospectiva/article/view/5840>. Fecha de acceso: 17 ene. 2019 doi: https://doi.org/10.25100/prts.v0i24.5840.

Palabras clave

Reparación, Víctimas, Investigación formativa, Conflicto armado, Medio Atrato, Construcción de paz

1.Introducción

En diciembre de 2014 la Uniclaretiana, con su sede principal en Quibdó, propone reflexionar alrededor de los dilemas y desafíos para la paz, apoyando la construcción de propuestas de reparación propias de las comunidades afectadas y, a principio de 2015, convoca a docentes y estudiantes de último semestre de Trabajo social a un macro proyecto de investigación sobre impactos del conflicto armado en Colombia y propuestas de reparación. Ante la coyuntura nacional se hace necesaria la construcción de propuestas para la paz desde las diferentes regiones del país que aporten a las mismas y respeten las dinámicas y características propias.

El macro proyecto se orienta a partir de un interrogante central, el cual articula todo esfuerzo de investigación de los estudiantes en las diferentes ciudades y regiones del país2: ¿Cuáles son los impactos generados por el conflicto armado en Colombia, teniendo en cuenta las variables etnia, género, medio ambiente, economía, contexto psicosocial y sus posibles abordajes desde el área del trabajo social? Esta pregunta fue trabajada, entre otros, con estudiantes de los municipios de Bojayá y Vigía del Fuerte (Medio Atrato), quienes venían empezando su proceso de investigación formativa con la universidad. Sus trabajos de grado tienen así como objetivos: a) determinar los impactos del conflicto armado en poblaciones urbanas y rurales del Medio Atrato (Bojayá); b) identificar propuestas locales de reparación, desde la perspectiva de las víctimas.

Como docente e investigadora de la universidad, asumí el acompaña-miento del curso, sin embargo, con muchos interrogantes: ¿Cómo trabajar en un contexto tan peculiar y sensible, teniendo en cuenta las especificidades del grupo de estudiantes, todos procedentes de zonas rurales del Pacífico, víctimas del conflicto armado, y con dificultades en lecto-escritura?

El Medio Atrato es una región habitada casi en su totalidad por grupos étnicos (afrocolombianos e indígenas) a los cuales les fue reconocida en los años noventa la propiedad colectiva de sus territorios y la autonomía dentro de los mismos, a través de Consejos comunitarios y Cabildos indígenas. Esto coincide con la emergencia de la violencia vinculada al conflicto armado en el Chocó a partir de los años 1990, más precisamente en 1996, con la penetración paramilitar en la región. Desde este momento el conflicto se caracteriza localmente por una lógica de control del territorio y de sus recursos naturales. La guerra irrumpe en el Chocó a través de su principal río, el Atrato, inscribiéndose en las dinámicas más amplias del construcción de propuestas para la paz desde las diferentes regiones del país que aporten a las mismas y respeten las dinámicas y características propias.

El macro proyecto se orienta a partir de un interrogante central, el cual articula todo esfuerzo de investigación de los estudiantes en las diferentes ciudades y regiones del país2: ¿Cuáles son los impactos generados por el conflicto armado en Colombia, teniendo en cuenta las variables etnia, género, medio ambiente, economía, contexto psicosocial y sus posibles abordajes desde el área del trabajo social? Esta pregunta fue trabajada, entre otros, con estudiantes de los municipios de Bojayá y Vigía del Fuerte (Medio Atrato), quienes venían empezando su proceso de investigación formativa con la universidad. Sus trabajos de grado tienen así como objetivos: a) determinar los impactos del conflicto armado en poblaciones urbanas y rurales del Medio Atrato (Bojayá); b) identificar propuestas locales de reparación, desde la perspectiva de las víctimas.

Como docente e investigadora de la universidad, asumí el acompaña-miento del curso, sin embargo, con muchos interrogantes: ¿Cómo trabajar en un contexto tan peculiar y sensible, teniendo en cuenta las especificidades del grupo de estudiantes, todos procedentes de zonas rurales del Pacífico, víctimas del conflicto armado, y con dificultades en lecto-escritura?

El Medio Atrato es una región habitada casi en su totalidad por grupos étnicos (afrocolombianos e indígenas) a los cuales les fue reconocida en los años noventa la propiedad colectiva de sus territorios y la autonomía dentro de los mismos, a través de Consejos comunitarios y Cabildos indígenas. Esto coincide con la emergencia de la violencia vinculada al conflicto armado en el Chocó a partir de los años 1990, más precisamente en 1996, con la penetración paramilitar en la región. Desde este momento el conflicto se caracteriza localmente por una lógica de control del territorio y de sus recursos naturales. La guerra irrumpe en el Chocó a través de su principal río, el Atrato, inscribiéndose en las dinámicas más amplias del conflicto, que se desarrollaron en el norte de Urabá (1993), abarcaron la región bananera (1994-1996), y luego pasaron a la región del río Atrato (desde finales de 1996) y el resto del Chocó (Comisión Vida, Justicia y Paz, 2002). En este proceso de incursión, el Medio Atrato ocupa una posición crucial para el control sobre el río. No sorprende que es una de las regiones más afectadas por el conflicto armado desde 1996 hasta el presente. El momento más (tristemente) célebre de la guerra en el Medio Atrato ocurre el dos de mayo de 2002, la masacre de Bojayá. En Bellavista (cabecera municipal de Bojayá) el enfrentamiento entre la guerrilla de las FARC y paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas causa la muerte a 79 personas3 (en su mayoría niños) cuando una bomba artesanal (pipeta) lanzada por el grupo guerrillero destruye la iglesia donde se estaban refugiando sus habitantes. Este suceso marca la historia de la zona, separándola en un antes y después (CNRR - Grupo de Memoria Histórica, 2010; Gómez, 2012).

La intensificación de la violencia en la región causa el desplazamiento forzado de numerosas personas hacia los centros urbanos del departamento como también hacia las grandes ciudades colombianas. La capital del Chocó, Quibdó, constituye uno de los primeros destinos de los desplazados del departamento (Comisión Vida, Justicia y Paz, 2002). Desde entonces, la situación es compleja, se caracteriza por la fuerte presencia de distintos grupos armados, enfrentamientos, paros armados, retenes, restricción a la movilidad, amenazas, asesinatos selectivos y demás violaciones a los derechos de los habitantes.

Al mismo tiempo, según estadísticas oficiales, el departamento del Chocó presenta los índices de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas entre los más elevados,4 siendo imaginado desde el resto de Colombia como la región más pobre del país. Esto puede comprenderse desde el histórico abandono que ha vivido el Pacífico colombiano, que se suma a las severas afectaciones causadas por el conflicto armado, la corrupción, y el alto costo de transporte, infraestructura y servicios en la región debido en parte a factores geográficos. El tema del abandono histórico por parte del Estado es una constante entre los habitantes del departamento y, más todavía, en el Medio Atrato. Con motivo de una visita al departamento, la Defensoría del Pueblo publicó el informe Crisis humanitaria en Chocó: Diagnóstico, valoración y acción de la Defensoría del Pueblo (2014), en el cual resalta las continuas violaciones a los derechos de sus pobladores.

Además, el contexto actual se caracteriza por la centralidad del tema de la paz. Por un lado, las conversaciones de la Habana5 propiciaron un importante escenario político y una ventana hacia cambios futuros. En el marco de los diálogos el punto de las víctimas tuvo especial relevancia en un departamento donde aproximadamente el 40% es víctima del conflicto armado.6 A nivel regional, Bojayá se ha vuelto un lugar clave desde donde pensar temas de reparación, reconciliación y perdón para caminar en la construcción de paz. Esta región del Chocó ha entrado a hacer parte de los lugares tristemente “famosos” de Colombia, lugar conocido por los hechos brutales que allí ocurrieron en el 2002. A raíz de esta “celebridad”, investigadores de varias disciplinas e instituciones se acercaron a observar su realidad desde diferentes temáticas. Existen así estudios referentes al tema del conflicto armado, mostrando sus dinámicas locales (Jiménez, Bello, Millán, y Pulido, 2008). Otros trabajos, la mayoría, se han centrado en el tema de memoria histórica (Bello, Cardinal, Millán, Pulido y Rojas, 2005; CNRR - Grupo de Memoria Histórica, 2010; Gómez, 2012; Millán, 2009; Quiceno, 2013). Se trata entonces de un lugar por excelencia para hablar de conflicto y construcción de paz, “Bojayá fue un día el símbolo de la atrocidad y ahora las víctimas quieren que sea recordado como el lugar donde se dio el primer paso para la reconciliación” (Gómez, 2016, p. 36).

En diciembre de 2014, a raíz de varias reuniones y comunicaciones entre las víctimas de Bojayá y las FARC, esta última emitió un comunicado en el que pide oficialmente perdón por los hechos ocurridos en 2002 (Palacios, 2014). En el documento, la guerrilla afirma, entre otros, su voluntad de dar “respuestas lo más integrales posibles ante nuestra deuda con la comunidad de Bojayá”, acordando “actuaciones reparadoras y transformadoras, a realizar con las comunidades afectadas” (Delegación de Paz de las FARC-EP, 2014). Estas palabras llevaron finalmente al acto de perdón por parte de las FARC, que tuvo lugar el 6 de diciembre de 2015, entre las ruinas del antiguo Bellavista, en un ambiente de mucha discreción, lo que significó un importante paso hacia la reconciliación en la zona. En esta ocasión los representantes de las victimas pidieron a la guerrilla comprometerse con actos de reparación concretos, respetando las autoridades étnicas y su autonomía (Gómez, 2015; 2016).

Ante este contexto cabe plantearse, ¿de qué manera el estudio que desarrollaron los estudiantes de trabajo social del Medio Atrato de Uniclaretiana revela los impactos del conflicto y brinda una aproximación a las propuestas de reparación de las comunidades? Además, ¿qué significación adquiere la investigación en la coyuntura local? Frente a los retos para la construcción de paz en la región, la labor investigativa puede jugar un papel nuevo dentro y fuera de la universidad, desatando procesos de memoria, de debate, pero también de intervención social.

Para responder a estos interrogantes, en un primer momento, se describe el proceso de investigación desde lo metodológico, ilustrando entre otros la posición de los estudiantes en el trabajo de campo. En segundo lugar, se muestran los principales resultados, resaltando fragmentos de historias de vida de miembros de las comunidades, que muestran los impactos del conflicto armado en el diario vivir. Esto da paso a una reflexión sobre el papel de la academia y sus procesos de formación e investigación en las regiones en que se encuentra, caracterizadas por las dinámicas de la guerra. La universidad puede ser un motor de procesos de memoria y de debates hacia la construcción de ciudadanía, más allá de capacitar para la investigación.

2.El proceso de investigación: metodología

Al iniciar el curso, la primera pregunta que me retó y guió en calidad de docente e investigadora a lo largo de todo el camino fue: ¿cómo trabajar en el Medio Atrato con estudiantes, víctimas directas o indirectas del conflicto armado, habitantes de zonas rurales, teniendo en cuenta las dificultades impuestas por la región a nivel social, educativo y político?.

El proyecto se inspira en enfoques etnográficos y “participativos” o interactivos (García, González, Quiroz, Velásquez y Ghiso, 2002). Esta combinación es interesante teniendo en cuenta el contexto regional, caracterizado por poblaciones étnicas que priorizan formas de conocimiento desde la oralidad. Más concretamente, utilizamos la observación participante, las entrevistas semi-estructuradas así como el relato de historias de vida. En cuanto a las técnicas interactivas, planteamos el uso de cartografías sociales, grupos focales o talleres (García et al., 2002). El enfoque puede definirse como participativo, ya que la investigación fue desarrollada por 19 estudiantes de diferentes comunidades afrocolombianas e indígenas de los municipios de Bojayá y Vigía del Fuerte7 ; todos han sido víctimas8 de manera directa o indirecta de las dinámicas de la guerra en la zona. Se trata entonces de un estudio reflexivo realizado desde adentro, es decir los investigadores son insiders en sus comunidades (Sarsby, 1984, p. 129). Esto podría compararse también con técnicas auto etnográficas, las cuales se basan en la idea que “una vida individual puede dar cuenta de los contextos en los que vive la persona en cuestión, así como de las épocas históricas que recorre a lo largo de su existencia” (Blanco, 2012, p. 170). Así, según Blanco, “la autoetnografía amplía su concepción para dar cabida tanto a los relatos personales y autobiográficos como a las experiencias del etnógrafo como investigador -ya sea de manera separada o combinada- situados en un contexto social y cultural” (Blanco, 2012, p. 172).

Históricamente, el Chocó ha sido investigado por antropólogos, sociólogos, geógrafos, historiadores, y otros, extranjeros o del interior del país, quienes desarrollaron conocimiento sobre sus habitantes. Esta relación presenta lentos cambios, como en otros contextos a nivel internacional, y empiezan a emerger los primeros intelectuales e investigadores locales, indigenas y afrodescendientes, quienes trabajan con las comunidades y no sobre ellas. Más allá, hay corrientes intelectuales que abogan por descolonizar las metodologias que en muchas ocasiones han sido extractivistas (Fals, 2015), para construir otras formas de investigar con, reconociendo al otro como sujeto: ello significa no crear objetos, sino multiplicar sujetos de estudio (De Sousa, 2016). Para Fals (2015), la alternativa es la inserción en el proceso social (p. 261), generando metodologías colaborativas que además incluyan los sentidos, los cuerpos y las emociones. Este enfoque se aleja de la relación sujeto (investigador generador de conocimiento válido, es decir científico) - objeto (informante, fuente de información), para construir relaciones sujeto-sujeto, en las cuales ambos poseen conocimientos válidos que entran a dialogar en una ecología de saberes (De Sousa, 2011).

Los estudiantes de trabajo social del Medio Atrato representan un paso en esa dirección, como investigadores étnicos trabajando en sus propias realidades y desde sus experiencias personales, construyendo conocimiento situado en contextos “sensibles” (Bouillon, Fresia y Tallio, 2006, p. 14), donde las cuestiones de normatividad y de seguridad constituyen unas potenciales dificultades.

El proyecto de investigación se desarrolló en dos momentos. En un primer tiempo, realizamos un estado del arte de iniciativas de reparación en la región del Medio Atrato, partiendo del marco normativo internacional y nacional que la define como medidas y políticas que apuntan a resarcir los daños causados, restituir los derechos y recuperar la dignidad de las víctimas. Para ello se sostuvieron entrevistas con líderes y miembros de las comunidades y con instituciones pertinentes identificadas por los estudiantes (alcaldías, personerías municipales, enlaces municipales de víctimas; Diócesis de Quibdó y sus equipos misioneros presentes en la región, organizaciones étnico-territoriales indígenas y afrodescendientes, Comité Internacional de la Cruz Roja, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados).9 En un segundo momento, nos centramos en los impactos del conflicto armado (descripción de comunidades, historias de vida, cartografías sociales, ensayos libres sobre impactos de la guerra a nivel personal y colectivo) y en la identificación de percepciones y propuestas de reparación por parte de las comunidades (ensayo sobre imaginarios de una vida en paz, taller participativo en las comunidades sobre reparación).

Desde una lógica de seminario, cada actividad realizada por los estudiantes era socializada en el aula, compartiendo dificultades, primeros resultados y opiniones al respecto. Esto nos llevaba a debates muy ricos sobre las temáticas del proyecto, siendo estos importantes fuentes de información. El salón podía así transformarse en un auténtico grupo focal, liderado por la docente. En este ejercicio de compartir las experiencias investigativas, afloraban muchas emociones con los relatos de los estudiantes, ya que se trata al mismo tiempo de un proceso reflexivo, centrado en la realidad y la historia propia de cada uno. Un espacio que podía volverse íntimo y muy sensible, gracias al respeto y la confianza construida a lo largo de muchos encuentros. La investigación genera así procesos que van más allá, como recordar hechos de sufrimiento y hacer memoria de los mismos. Estos espacios fueron respetados y trabajados con sensibilidad, dejando libertad de contar o no contar a los mismos estudiantes.

3.Recogiendo los frutos: hallazgos

Las primeras entrevistas realizadas en las comunidades y con las instituciones presentes en la región arrojaron datos importantes en cuanto a iniciativas de reparación hasta la fecha, entendiendo la misma como una responsabilidad del Estado colombiano de acuerdo al marco normativo nacional. En general, destacamos la débil apropiación por parte de las comunidades de la Ley de víctimas, incluyendo falta de información sobre el derecho a la reparación integral. Esto resulta todavía más acentuado en las poblaciones indígenas. Además del desconocimiento entre la mayoría de habitantes y líderes indígenas del marco normativo, institucional y de política pública respecto a las víctimas del conflicto armado y a la reparación integral en Colombia, estos manifestaron no conocer los términos “víctima” y “reparación” en español. Con ellos se realizó en un primer momento un ejercicio de traducción intercultural mediada por los estudiantes para poder comprender su significado a partir de su idioma y su cosmovisión. Según algunos estudiantes, esto se debe al aislamiento que sufren las comunidades indígenas a nivel geográfico y político, con una presencia prácticamente nula del Estado, y en un contexto de divisiones internas y debilidades al interior de los cabildos mayores.

Las comunidades expresaron que hasta el momento no se adelantaron medidas contundentes de reparación colectiva ni individual por parte del Estado a pesar de lo establecido por la legislación. En algunas, el Estado indemnizó económicamente a unas personas y/o familias.. Bellavista, cabecera municipal de Bojayá, es el único caso de reparación colectiva en la región, ya que el pueblo fue reubicado y reconstruido por el Estado un poco más de un kilometro río arriba. Además existen allí iniciativas de memoria histórica, apoyadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Diócesis de Quibdó. De los cinco componentes de la reparación que señala el marco normativo colombiano (restitución, rehabilitación, compensación, medidas de satisfacción y garantías de no repetición) a aplicar a nivel individual, colectivo, material, moral y simbólico, las acciones emprendidas en la región por parte del Estado se centran casi exclusivamente en la compensación a través de indemnizaciones económicas, en sus dimensiones material e individual.

Resultó sorprendente que algunos funcionarios públicos, principalmente vinculados con las alcaldías, ignoraran las disposiciones de la Ley de víctimas, confundiendo en ocasiones la entrega de insumos y ayuda humanitaria con la reparación a las comunidades. Cabe aclarar que según la Ley 1448 la asistencia social y la ayuda humanitaria no pueden ser entendidas como medidas de reparación, “por tanto, la implementación de programas sociales y humanitarios no exime de responsabilidad a los gobernantes o entidades públicas encargadas de la atención de víctimas, que están obligados a garantizar este derecho a las víctimas” (Arboleda 2014, p. 11).

Frente a las preguntas sobre medidas de reparación adelantadas por el Estado en la región, la mayoría de los funcionarios públicos presentaron la Ley de víctimas como la medida de reparación realizada hasta el momento.

Estos datos son problemáticos en vista de que el marco normativo establece el derecho a la reparación integral a las víctimas del conflicto armado, donde el adjetivo integral implica que las medidas y políticas deben abordar todas las dimensiones del proyecto de vida de las víctimas. Como explica Arboleda:

Significa no solo aliviar el sufrimiento causado a las personas y comunidades afectadas por graves violaciones de los derechos humanos, los crímenes de lesa humanidad y de guerra, superando algunas de las peores consecuencias que provocan, también exige implementar políticas de cambio que modifiquen sustancialmente las condiciones de vida de la sociedad. Esto implica una acción social transformadora de las condiciones que dieron lugar a la ejecución de los crímenes sistemáticos y generalizados (2014, p. 20).

En un segundo momento, el proyecto se centró en determinar los impactos de la guerra en las comunidades. Este es un aspecto ampliamente documentado por distintos investigadores (Bello et al, 2005; Comisión Vida, Justicia y Paz, 2002; CNRR - Grupo de Memoria Histórica, 2010; Gómez, 2012; Jiménez et al, 2008; Millán, 2009; Quiceno, 2013), sin embargo, constituyó un paso importante en el estudio para poder abordar con cada comunidad las ideas propias de reparación frente a los daños. Se trató de sentir las afectaciones, a nivel personal y comunitario, y entender su complejidad en cada vida, entendiendo que el daño causado es pensado y sentido de manera distinta según la cosmovisión de cada grupo humano. A través de una serie de ejercicios de investigación reflexiva (descripción de cada comunidad con enfoque histórico sobre el conflicto, historias de vida de los estudiantes, cartografías sociales, ensayos libres sobre impactos del conflicto a nivel personal y de comunidad) y de debates en el salón explicitamos los daños causados en las vidas de los estudiantes y de sus comunidades por el conflicto armado. Este fue un trabajo delicado, de compartir historias y experiencias pasadas, a veces tristes y duras de recordar, contar y escuchar, un proceso en el que cada uno era libre de contar o no contar.

En su mayoría, las estudiantes afrocolombianas del grupo enfatizaron que la guerra en la región del Medio Atrato había afectado a las comunidades en su diario vivir, en su tejido social. Estas siempre resaltan que desde la llegada de los grupos armados las casas ya no se pueden dejar abiertas, los pescadores no salen al río después del atardecer, y los botes no viajan de noche entre las comunidades. Un aspecto clave es entonces el miedo que domina, que afecta a todos los ámbitos de la vida diaria, desde la movilidad, hasta la alimentación, desde la diversión hasta las prácticas culturales. Las noches son particularmente simbólicas, como se recalca también en palabras de entrevistados en el reciente libro del periodista Paco Gómez Nadal sobre el conflicto armado y temas de reconciliación y perdón en Bojayá: “Queremos dormir en paz, sólo queremos oír el ruido de la noche” (2016, p. 21).

Además, los múltiples asesinatos y desplazamientos desde las comunidades hasta las ciudades impactan directamente el tejido social de las mismas.

La gente escucha un volador
Y piensa que es un disparo
Por que dejó el conflicto
A nuestra gente asustado.
Un pueblo que era tranquilo
Reinaba la solidaridad
Ahora su gente asustada
No sabe en qué confiar

(Fragmento de versos escritos por una estudiante afrocolombiana, Vigía del Fuerte, Antioquia, 2015)

Me crié con mi abuela y unas tías paternas en [comunidad] […], posteriormente viene el secuestro de mi padre, donde lo despojan de todo lo que posee, obligándonos a desplazarnos a la ciudad de Quibdó […]. Esta es una etapa de mi vida muy triste porque es salir, dejar todo lo que tienes y quieres, construir una nueva vida lejos de mi madre y mis otros hermanos. En Quibdó me tocó empezar de cero, adaptarme a una ciudad donde no conoces a nadie y todo es nuevo, olvidar las costumbres del campo y los atardeceres tranquilos (Fragmento de historia de vida de una estudiante afrocolombiana, Bojayá, Chocó, 2015).

Y en las horas de la noche [los paramilitares] iniciaron a tocar en algunas casas y se llevaban las personas, las masacraban y luego las tiraban al río para no dejar evidencias de los hechos, fue una de las historias más tristes y duras vividas en el municipio, porque ellos vivieron allí por más de 3 años. […] Por mi casa pasaban las personas cuando las iban a matar (Fragmento de historia de vida de una estudiante afrocolombiana, Vigía del Fuerte, Antioquia, 2015).

La mayor parte de mi niñez la pasé en [la comunidad] viviendo con mi padre por razones económicas. Uno de los hechos que siempre recuerdo cuando vivía allá es: En el año 1999, tenía 5 años de estar viviendo en esa comunidad. Un día como a las 7:00 am me encontraba lavando unos platos en la cocina de la casa y pasó un guerrillero, primera vez que veía un armado tan cerca, saludó y me preguntó que ¿qué había visto por allí? Con mucho miedo respondí nada. Fue tanto el miedo que sentí que temblaba y no continué lavando los platos (Fragmento de historia de vida de una estudiante afrocolombiana, Vigía del Fuerte, Antioquia, 2015).

Por su lado, los estudiantes indígenas mencionan los daños al territorio en el que viven, trazando vínculos entre la presencia de grupos armados ilegales, cultivos de uso ilícito, fumigaciones aéreas con glifosato, los daños al medio ambiente, incluyendo la escasez de peces y animales de monte, destrucción de cultivos de pan coger, contaminación del agua, lo que lleva a las enfermedades en las comunidades y a la desnutrición de niños y niñas. De allí la importancia de que los victimarios deben asumir y reconocer los daños hechos a nuestro territorio, porque la tierra es vida para nosotros colectivamente (Fragmento de texto escrito por un estudiante indígena, Bojayá, Chocó, 2015), como afirma el estudiante Embera en un ensayo.

Las poblaciones indígenas también han sido afectadas en su autonomía, por amenazas y asesinatos de líderes, y desde las historias de vida de los estudiantes destacamos la desaparición de comunidades a causa de desplazamientos, pero también los periodos de confinamiento por la presencia de actores armados. Como cuenta otro estudiante:

Crecí junto con mi madre, vivíamos en la comunidad, se llamaba [nombre comunidad], cuando tenía 7 años nos desplazamos por la violencia a la comunidad [nombre] en el resguardo alto rio Bojayá.10

En cuanto a la reparación, las comunidades indígenas resaltan la importancia del territorio para poder vivir en paz y sentirse reparados.

Nosotros los pueblos indígenas queremos que nos garanticen la reparación a los daños hechos en los territorios colectivos porque vivimos en ellos, y realizamos muchas actividades como: tejer, labranza, pesca, cacerías, y otras más, y vivimos unidamente, en su propio territorio, vivimos con dignidad, tenemos muchas sabidurías, creencias, historias, y conservamos mucha cultura con nuestras familias, sabios, jaibana, tonguero hierbatero, somos indígena dobida que significa gente del río.11

Las voces de estudiantes y habitantes subrayan las significaciones culturales del daño entre indígenas y afrocolombianos, para quienes el ser comunidad y vivir un territorio son dimensiones fundamentales de la vida. Es bajo esta clave que entendemos las referencias a las rupturas del tejido social que implantan el miedo y la desconfianza en las comunidades afrocolombianas y las afectaciones al territorio que son daños a la vida de las comunidades indígenas. Estas afirmaciones deben ser el punto de partida para la construcción de medidas de reparación integral que aporten a la sanación de los daños entendidos y sentidos en términos culturales.

Mientras desarrollamos la investigación, distintas organizaciones étnicas y humanitarias y la Diócesis de Quibdó, visitaron las comunidades y organizaron talleres en todo el municipio de Bojayá, entre otros socializando los conceptos de víctima y reparación, ilustrando los derechos de las víctimas e informando sobre los puntos y avances de los diálogos entre el gobierno y las FARC-EP en La Habana. Resaltamos que esto empezó a transformar las discusiones internas en las poblaciones y se destacaron mayores conocimientos entre los líderes, pero sobre todo mayor presencia del tema reparación en su cotidiano. Esto dio paso a una serie de encuentros con autoridades étnicas de Bojayá, organizados por la Uniclaretiana y Naciones Unidas (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos). Estos espacios interétnicos, en los cuales en ocasiones participaron los estudiantes, significaron en primer lugar un momento de formación, encaminado a preparar a los habitantes al acto de perdón por parte de las FARC-EP (diciembre 2015) y a facilitar un proceso de reparación colectiva en el municipio. La investigación se desarrolla entonces en una coyuntura clave a nivel regional, donde las autoridades étnicas son llamadas a reflexionar colectivamente alrededor de las afectaciones dejadas por los años de conflicto armado y a cómo reparar a sus comunidades desde su propia cosmovisión.

4.Reflexiones finales: más allá de la investigación y de la universidad

El proceso de investigación que acabamos de presentar da cuenta de un año de actividades académicas con los estudiantes de trabajo social del Medio Atrato, constituyéndose poco a poco en su tesis de grado. Esta no se presenta como una monografía o un informe, sino en forma de recursos virtuales, escritos y audiovisuales sistematizados en una página Internet que los mismos estudiantes han querido llamar Atrato Vive.12 Atrato Vive se ha transformado en el motor de la investigación, motivando a los estudiantes a mostrar sus realidades cotidianas, describirlas, contar sus vidas y denunciar los impactos del conflicto armado en sus comunidades, aspectos que en la misma región no se conocen ni se comunican entre ellos mismos. La página constituye para ellos una ventana abierta que permite mostrar más allá sus cotidianos en ocasiones “aislados”, sorprendiéndonos entre los mismos investigadores al ver imágenes de otras comunidades desconocidas. Un espacio donde poder poner en diálogo diferentes formas de conocimientos y saberes (oral, visual, escrito) que se manejan en la región. Una tesis de grado un poco diferente, que tiene en cuenta las especificidades del grupo y del contexto, y que permite transmitir con mayor facilidad los debates y las emociones sentidas.

La experiencia de formación e investigación aquí presentada constituye un reto para la universidad y para los estudiantes. En primer lugar, la modalidad de enseñanza, con las barreras impuestas por la distancia y la difícil movilidad y acceso a medios de comunicación que presenta la región. La escasa y lenta conexión a Internet para la mayoría de los estudiantes han dificultado el acompañamiento y la retroalimentación al grupo. Además, se trata de estudiantes que viven en comunidades indígenas y afrocolombianas, en su mayoría sin comunicación telefónica y sin Internet ni energía eléctrica. Algunos de ellos no están familiarizados con el uso de computadoras y recursos virtuales, otros tienen escaso acceso, pero un interés grande en aprender e implementar el uso de las TIC en su formación. Viven en comunidades en las cuales prevalece la oralidad, y en el caso de los estudiantes indígenas son bilingües. Esto se refleja en dificultades en aspectos de lecto-escritura en español. En tercer lugar, el proyecto es un reto porque todos los estudiantes son de una u otra manera víctimas del conflicto armado en la región. La investigación tiene entonces un fuerte componente subjetivo y reflexivo, con una carga emocional significativa, la cual se asumió como parte del proceso.

Un proyecto de investigación formativa que va más allá de un estudio, generando procesos de memoria con los estudiantes y, aunque en menor medida, en sus comunidades. Las historias de vida y los debates en el salón sobre impactos del conflicto armado están cargados de emociones. La situación de contar sus propias historias y trabajar problemáticas sensibles puede desencadenar unos recuerdos llenos de sufrimiento. El salón se transformaba así en un espacio de escucha muy íntimo y delicado, además de un espacio de construcción conjunta de conocimiento.

Asimismo, el proyecto sale de los alcances de la universidad y supera los objetivos de la investigación, ya que a través de las conversaciones informales y entrevistas los estudiantes empezaron a posicionar algunos temas en sus comunidades, explicando a sus interlocutores términos como víctima y reparación, y llegando incluso a organizar talleres y charlas al respecto. El estudio está dando lugar a una fuerte articulación entre academia y comunidades, siendo los estudiantes los protagonistas del proyecto en sus entornos. En muchas poblaciones rurales desconocen el concepto “reparación” y sus derechos en calidad de víctimas del conflicto armado. Entre otros, este ejercicio investigativo contribuyó a posicionar el tema, por lo cual el proceso académico no es solo individual de cada estudiante, sino que va más allá y puede impactar positivamente en su comunidad. El reto de las universidades, y de las ciencias sociales, es cómo podemos ser motor de cambios hacia la paz en las comunidades a través de nuestra labor investigativa y académica, tal como expresa Fals Borda desde sus reflexiones metodológicas y epistemológicas, “¿Cómo investigar la realidad para transformarla?” (2015, p. 253).

El proyecto se inscribe en un contexto caracterizado por las dinámicas cotidianas de la guerra y una difícil situación humanitaria, donde sin embargo se destacan iniciativas que apuntan a la construcción de paz. A nivel nacional, los diálogos entre las FARC y el Gobierno en la Habana significaron una prioridad política que generaron debates sobre un posible futuro sin conflicto armado. La problemática de las víctimas fue un punto clave de estas negociaciones y del acuerdo final, lo que dio lugar también a encuentros entre víctimas, guerrilla y Estado. A raíz de diálogos previos, el 6 de diciembre de 2015 las FARC piden oficialmente perdón a las comunidades de Bojayá en un acto solemne e histórico en las ruinas de la antigua cabecera municipal de Bellavista. Ante la voluntad de esta guerrilla de reparar los daños causados en la población, es importante que las comunidades reflexionen acerca de propuestas de reparación propias, de acuerdo a su autonomía, su organización y su cosmovisión. Destacamos así la determinación de las comunidades como actores políticos clave para construir las propuestas e interlocutar con las instituciones responsables de la reparación a las víctimas del conflicto. Este reconocimiento como sujetos políticos es necesario en el camino hacia una construcción de paz en la región. Como afirma Gómez:

Ahora, falta que las FARC y la comunidad negocien las acciones concretas de reparación que la guerrilla se ha comprometido a emprender. Muchas

tienen que ver con el respeto al territorio y a la autonomía política de los pueblos indígenas y negros de Bojayá (2016, p. 36).

La generación de propuestas de reparación no está al alcance de un trabajo académico, sin embargo los estudiantes contribuyeron con textos, informaciones e ideas nuevas, transformándose en un estímulo al debate al interior de sus comunidades.

Se trata de realizar nuestra labor como investigadores y ciudadanos, de manera comprometida, buscando siempre ser útiles a la realidad social del país y sus regiones, es decir como investigadores ciudadanos (Jimeno, 2011). Los académicos llegan así a ser colaboradores de líderes y comunidades (Walsh, 2015).

Así, por ejemplo, las técnicas de investigación pueden crear nuevos procesos no esperados entre estudiantes, interlocutores y comunidades. Jimeno observa: “la etnografía es más que un método técnico de recopilación de datos: es una experiencia vívida, marcada por la participación del etnógrafo en la intimidad de las relaciones sociales y por la construcción de vínculos socio-afectivos” (2011, p. 50). En el caso de nuestro proyecto las entrevistas, las historias de vida y de las comunidades se transformaron en pequeños procesos de memoria del conflicto, a nivel individual y comunitario. Las actividades realizadas van entonces más allá de la mera investigación y de lo académico y suscitan las siguientes preguntas:

¿Cómo recoger y sistematizar todos estos datos, incluyendo emociones y opiniones, y teniendo en cuenta las formas diferentes de saberes de los estudiantes, indígenas y afrocolombianos? El proyecto está cuestionando los clásicos productos de la investigación, en su mayoría escritos y orientados al mundo académico. ¿Cómo dar cuenta de ese “más allá” en un contexto de trabajo de grado? ¿Cómo descolonizar nuestras prácticas académicas e investigativas? Con los estudiantes decidimos crear una página web para incluir materiales de todo tipo (escrito, audiovisual, cartografías) respetando la oralidad de las comunidades y fomentando el uso de las TIC en la formación en investigación. Se trata de un intento de diálogo de saberes por parte de una universidad en contexto intercultural.

Referencias bibliográficas

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Este artículo es fruto de una reflexión personal basada en una investigación realizada con un grupo de estudiantes de Trabajo social de la Fundación Universitaria Claretiana, quienes desarrollaron su trabajo de grado colectivamente en el marco del proyecto Impactos del conflicto armado y propuestas de reparación en el Medio Atrato entre enero de 2015 y marzo de 2016.
La Uniclaretiana tiene su sede principal en Quibdó, sin embargo, el programa de trabajo social presenta la modalidad de educación a distancia con grupos de estudiantes que asisten a diferentes centros de atención tutorial, en ciudades de Colombia como Pereira, Medellín, Cali, Neiva y Bogotá, o puntos de encuentro como Pasto, Tumaco, Bojayá, entre otros.
A raíz de las primeras exhumaciones iniciadas en mayo de 2017 por la Fiscalía y Medicina Legal, fueron encontrados restos de 89 cuerpos, confirmando la versión de las víctimas que siempre plantearon que en la masacre murieron más personas (Chica y Gómez, 2017)
Para 2015, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el Chocó presentaba el más alto porcentaje de pobreza monetaria (62.8%) y pobreza monetaria extrema (37.1%) del país. El índice de necesidades básicas insatisfechas del Chocó, de acuerdo a las proyecciones del DANE para el 2012, señala que el 79% de la población carece de alguna de estas necesidades (vivienda, servicios públicos, educación, hacinamiento y dependencia económica), cifra tres veces mayor al índice de NBI a nivel nacional.
La investigación se desarrolló entre 2015 y los primeros meses de 2016, cuando las partes en diálogo (FARC-EP y gobierno nacional) todavía no habían llegado a firmar el acuerdo final de paz, firmado el 26 de septiembre del 2016.
El Registro Único de Víctimas registra 203’678 víctimas, para un total de la población chocoana estimado en 505’016 habitantes según proyecciones del DANE para el 2016.
Comunidades indígenas: Chanó, Santa Lucia, Usaragá, Punto Cedro, Apartadó. Comunidades afrocolombianas: Vigía del Fuerte, Bellavista, Napipí, La Loma, Veracruz.
Desde las ciencias sociales, en el marco del presente estudio entendemos como víctima toda persona que se defina como tal, esté o no incluida en el Registro Único de Víctimas, que para el caso colombiano define el estatuto de una persona.
Se eligieron las instituciones expuestas por limitaciones de recursos y las dificultades de acceso por parte de los estudiantes a otras. Las mencionadas son instituciones presentes en la zona, o con las cuales los estudiantes tuvieron contacto previo facilitando así entrevistas telefónicas. Los estudiantes intentaron abordar otras entidades clave (por ejemplo el Centro Nacional de Memoria Histórica), pero a pesar de la insistencia esto no fue posible.
Fragmento de historia de vida de un estudiante indígena, Bojayá, Chocó, 2015.
Fragmento de texto escrito por un estudiante indígena, Bojayá, Chocó, 2015.
Véase Atrato Vive: http://atrato-vive.wix.com/atrato-vive.