Jesús Mosterín un espíritu renacentista

  • Juan Manuel Jaramillo Universidad del Valle, Cali, Colombia

Resumen

Víctima de un cáncer de pulmón el pasado 4 de octubre falleció en Barcelona, a los 76 años,  el filósofo  español Jesús Mosterín, quien se desempeñó como catedrático de lógica de la Universidad de Barcelona desde 1992, como profesor investigado del CSIC y Fellow del Center for Phiosophy of Science de Pittsburg, pero también como profesor invitado en numerosas universidades y centros de investigación en Europa, Asía y América (incluyendo Colombia), entre los que se destacan la Universidad de San Pettesburg (Rusia) y el MIT (USA). Fue miembro titular del Institut International de Philosophie (París), de la European Academy of Humanities, Letters and Sciences (Londres) y de la International Academy of Philosophy of Science (Bruselas). 

Biografía del Autor

Juan Manuel Jaramillo, Universidad del Valle, Cali, Colombia

Profesor Jubilado Universidad del Valle, Cali, Colombia.

E-mail: jaramillo.juanmanuel@gmail.com

Citas

Ferrater, J. (2009). Diccionario de filosofía. Barcelona: Ariel.
Mosterín, J. (1993). Filosofía de la cultura. Madrid: Alianza Editorial.
Mosterín, J. (1999). Los filósofos cribamos lo que dicen los científicos. MUYInteresante. Recuperado de: https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/jesus-mosterin
Mosterín, J. (2000). Conceptos y teoría en la ciencia (4 ed.). Madrid: Alianza Editorial.
Mosterín, J. (2007a). India: Historia del Pensamiento. Madrid: Alianza Editorial.
Mosterín, J. (2007b). China. Historial del Pensamiento. Madrid: Alianza Editorial.
Mosterín, J. (2010). Los cristianos: historia del pensamiento. Madrid: Alianza Editorial.
Mosterín, J. y Torretti, R. (2002). Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Madrid: Alianza Editorial.
Publicado
2018-03-02
Como citar
JARAMILLO, Juan Manuel. Jesús Mosterín un espíritu renacentista. Praxis Filosófica, [S.l.], n. 46, p. 263-266, mar. 2018. ISSN 2389-9387. Disponible en: <http://nexus.univalle.edu.co/index.php/praxis/article/view/6249>. Fecha de acceso: 25 mayo 2018 doi: https://doi.org/10.25100/pfilosofica.v0i46.6249.

Víctima de un cáncer de pulmón el pasado 4 de octubre falleció en Barcelona, a los 76 años, el filósofo español Jesús Mosterín, quien se desempeñó como catedrático de lógica de la Universidad de Barcelona desde 1992, como profesor investigado del CSIC y Fellow del Center for Phiosophy of Science de Pittsburg, pero también como profesor invitado en numerosas universidades y centros de investigación en Europa, Asía y América (incluyendo Colombia), entre los que se destacan la Universidad de San Pettesburg (Rusia) y el MIT (USA). Fue miembro titular del Institut International de Philosophie (París), de la European Academy of Humanities, Letters and Sciences (Londres) y de la International Academy of Philosophy of Science (Bruselas).

Sus intereses filosóficos abarcaron un amplio espectro en los que sobresalen la lógica, la filosofía de las matemáticas y de la lógica, la filosofía de las ciencias, tanto empíricas como formales. En las primeras, las empíricas, se destaca su filosofía de la biología en la que sigue las trazas darwinianas de Richard Dawkins y de Daniel Dennet y donde la explicitación de la naturaleza de los seres vivos lo lleva a una toma de partido en contenciosas discusiones éticas y políticas de mucha actualidad sobre los derechos de los animales, las corridas de toros, el uso de animales con fines científicos y alimentarios y la eutanasia, entre otras, y cuyos planteamientos en defensa de los animales no- humanos se apoyaron en sólidos argumentos y no en la existencia de derechos naturales o intrínsecos inverificables.

En el campo de la cosmología encaró intensos debates sobre el origen del universo y en el de la filosofía política se ocupó de temas como la libertad, la justicia y la democracia, postulando una noción de “libertad política” contraria a la violencia y a la coerción de los individuos.

El tema de la cultura fue central, junto con el de la racionalidad. En Filosofía de la cultura (1993) propone una particular noción de “cultura” en el marco de una teoría memética, al definirla como información que se transmite por aprendizaje social y diferenciarla de la información que se transmite genéticamente a un individuo mediante los gametos de sus progenitores y que se encuentra inscrita en el propio genoma. Este amplio concepto de “cultura” lo lleva a preguntarse, con la curiosidad propia del investigador, si ella sería aplicable a los animales no homínidos, como bien resulta aplicable a los homínidos, siguiendo para ello la sistemática biológica de Darwin que a diferencia de las anteriores que buscaba establecer la taxonomía de los seres vivos por su mayor o menor parecido morfológico, lo hace mediante la reconstrucción de las relaciones filogenéticas (descendencia y parentesco) entre los diversos grupos de organismos. Es así como entre los gorilas, los chimpancés y los humanes (extraño neologismo que acuña Mosterín para referirse a los hombres y las mujeres) encuentra rasgos complejos y dimensión es culturales interesantes y propone una fórmula matemática para medir el acervo cultural que toma como base el conjunto de memes de un individuo determinado (su cultura), en un instante temporal determinado, algo que, para muchos, resultaría inaceptable. A comienzos de los años noventa se ocupó con especial interés por la dinámica cultural, por lo que prestó especial atención a los recientes cambios culturales producidos por la internet y, en general, por las tecnologías de la información y de la comunicación.

En fin, un pensador de espíritu renacentista cuyas reflexiones, apoyadas siempre en avances científicos, son un referente obligado para muchos de los debates actuales, sin que con ello haya desconocido la importancia de la tradición, como lo confirma su preocupación por escribir una historia del pensamiento (2007a, 2007b) en varios tomos donde ausculta las más remotas tradiciones orientales. En sus últimos escritos se ocupa de las tradiciones monoteístas de los mahometanos, judíos y cristianos, para señalar el modo como estas permean toda la filosofía occidental y las razones porqué el islamismo se ha convertido, al lado de la tradición judeo-cristiana, en una fuerza cultural importante (Mosterín, 2010).

Así como el Diccionario de Filosofía (2009) de José Ferrater Mora es una obra de consulta obligada para la comunidad filosófica hispanohablante, el Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia (2002) en compañía de Roberto Torretti lo es en los campos de la lógica y de la filosofía la ciencia. En él se presentan las nociones básicas de la lógica, de las matemáticas, de la cosmología y de teorías de la física en las que se incluyen las teorías especial y general de la relatividad y de la mecánica cuántica, y donde cada entrada del diccionario incluye su traducción al inglés, al alemán y al francés, así como su cuidadosa y bien rigurosa exposición. Este diccionario es una herramienta muy útil para lógicos, matemáticos, teóricos de la computación y filósofos de la ciencia, pero también para quienes, sin ser especialistas en estos temas, muestran un interés por ellos.

Pero, así como este diccionario es un texto útil de consulta, su clásico trabajo Conceptos y teorías en la ciencia (2000) es un texto de consulta obligado para quien quiera introducirse en la filosofía de la ciencia. En él, como su título lo sugiere, analiza con especial cuidado la estructura de los conceptos científicos (clasificatorios, comparativos y métricos) y la estructura de las teorías científicas, diferenciado en este último caso, las que corresponderían a lo que Stegmüller llamó la “concepción enunciativa o lingüística” de las teorías que identifica éstas con clases o conjuntos de enunciados cerrados respecto de la deducción (modelo hipotético-deductivo) y la concepción semántica o modelística que las identifica con clases o conjuntos de modelos. La distinción que allí hace entre historia y teoría abstracta que involucra la distinción entre la axiomática concreta euclídea y la axiomática abstracta hilbertiana, no sólo resulta útil para entender históricas disputas como la de Frege y Hilbert, sino para establecer de qué se ocupan las teorías científicas, es decir, su clase de referencia. Para todo esto parte de la comparación de la manera como nuestro cerebro en el acto de percepción selecciona y procesa a información proveniente del mundo exterior y como el mismo cerebro, valiéndose de un sistema conceptual que se busca sea cada vez más preciso, selecciona y procesa aspectos de ese mundo con miras a proponer una explicación/predicción en el acto del conocimiento teórico. Ambos procesos, indispensables en la actividad científica, parten del reconocimiento de que el mundo no está estructurado de por sí de modo unívoco como piensan los realistas científicos, sino que somos nosotros los que lo estructuramos al proyectar sobre él los marcos conceptuales que llamamos “teorías científicas”.

Sus impecables traducciones del alemán de la teoría semántica de Frege y de las obras completas de Kurt Gödel permitieron a la comunidad hispanohablante se acercara a la filosofía analítica y a las reflexiones lógicas y metamatemáticas más importantes del siglo XX.

Casi una treintena de libros publicados en prestigiosas editoriales, particularmente en Alianza Editorial, al igual que sus numerosos artículos y contribuciones en revistas especializadas de España, Estados Unidos, Alemania, Holanda, etc., son prueba fehaciente de su prolífica producción intelectual, acompañada siempre de un encomiable rigor expositivo y argumentativo.

Fueron, pues, numerosos los campos del conocimiento en los que incursionó con espíritu crítico: la genética, la neurología, la física, la cosmología, la antropología, la historia de la cultura y de las civilizaciones, las matemáticas, la lingüística, la lógica, la política, la ética, etc., que lo convierten en uno de los filósofos y pensadores españoles más universales y destacados de las últimas décadas.

A quienes tuvimos la enorme fortuna de conocerlo su partida nos embarga de tristeza, al tiempo que nos plantea un enorme reto para seguir de seguir luchando por la defensa de la racionalidad en momentos en los que soplan vientos que pretenden liquidar con cualquier vestigio de ella. No se trata de construir una filosofía científica a la manera del positivismo lógico, pero sí una filosofía que no les dé la espalda a los grandes hallazgos científicos. Mosterín, como nadie, supo entender que hacer ciencia y hacer filosofía son actividades distintas, pero no aisladas, pues la ciencia, como muchas otras actividades humanas, proporciona insumos importantes a la reflexión filosófica. Podría decirse que Mosterín fue un filósofo renacentista con un acendrado espíritu científico. Para él, la frontera entre la filosofía y la ciencia siempre era una frontera difusa. No obstante -como lo expresó en una entrevista reciente- “Los filósofos, en vez de lamentarse porque no les hacen caso, deberían incorporar los muchísimos resultados de la ciencia que son relevantes para las humanidades” (Mosterín, 1999).

Referencias bibliográficas

  1. (). . . Barcelona: Ariel. .
  2. (). . . Madrid: Alianza Editorial. .
  3. (). . . Muy Interesante. .
  4. (). . (4 ed). Madrid: Alianza Editorial. .
  5. (). . . Madrid: Alianza Editorial. .
  6. (). . . Madrid: Alianza Editorial. .
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