El habla rosa: Creación léxica en un grupo de hombres homosexuales en Santiago de Cali (Colombia)

  • Alexánder Ramírez Espinosa Universidad del Valle, Cali, Colombia
  • Rogelio Herrera Marín Centro Cultural Colombo Americano, Cali, Colombia

Resumen

Este artículo presenta los resultados de un estudio sobre el léxico de un grupo de hombres homosexuales de Cali, Colombia. La investigación comprendió el análisis morfológico y semántico de un corpus de 206 términos, recogidos en situaciones de habla espontánea, a través del cual se determinaron los modos de creación léxica de esta comunidad y se establecieron los campos semánticos en los que son utilizadas dichas voces. Los resultados sugieren que la creación léxica está ligada a la creación y reafirmación de identidad social en esta comunidad.

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Biografía del autor

Alexánder Ramírez Espinosa, Universidad del Valle, Cali, Colombia

Licenciado en Lenguas Extranjeras Inglés – Francés y Magíster en Lingüística y Español de la Universidad del Valle. Profesor de la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Universidad del Valle, Santiago de Cali, Colombia, en las áreas de lingüística e inglés. Áreas de interés académico: lingüística descriptiva, sociolingüística, enseñanza de lenguas extranjeras y comunicación intercultural.

Rogelio Herrera Marín, Centro Cultural Colombo Americano, Cali, Colombia

Licenciado en Lenguas Extranjeras Inglés – Francés de la Universidad del Valle. Docente de inglés en el Centro Cultural Colombo Americano, Santiago de Cali, Colombia. Áreas de interés académico: enseñanza de lenguas extranjeras, comunicación intercultural y estudios de género.
Correo electrónico: rogherrera@gmail.com

Publicado
2018-02-13
Como citar
RAMÍREZ ESPINOSA, Alexánder; HERRERA MARÍN, Rogelio. El habla rosa: Creación léxica en un grupo de hombres homosexuales en Santiago de Cali (Colombia). Lenguaje, [S.l.], v. 46, n. 1, p. 41-67, feb. 2018. ISSN 2539-3804. Disponible en: <http://nexus.univalle.edu.co/index.php/lenguaje/article/view/6195>. Fecha de acceso: 15 oct. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/lenguaje.v46i1.6195.
Sección
Artículos de investigación

Palabras clave

creación léxica, habla gay, procedimientos morfológicos, procedimientos semánticos

INTRODUCCIÓN

El secretismo, el ocultismo, la confidencia, la búsqueda de identificación con el colectivo, la cohesión comunitaria, el despreciar o hacer más cercanos a otros, el compartir experiencias jocosamente, entre otras características, hacen del habla gay una rica fuente de creación léxica y, por ende, de creación de identidad. En la comunidad gay hay una relación estrecha entre el lenguaje y la sexualidad, o el deseo sexual (Kulick, 2000), y su fuerte implicación en la creación de modelos lingüísticos, sociales y culturales que cumplen la función de denominadores de las transformaciones de la realidad, la creación de identidad y el fortalecimiento de los lazos que indican pertenencia a uno o varios subgrupos o subculturas. Siendo esta comunidad un grupo definido a partir de su relación de diferenciación sexual con respecto a la normatividad, es natural encontrar que el sexo es, en sí, una fuente de significación importante en la comunidad, como lo es también la expresión de pertenencia a esta última. Sin embargo, a pesar de que las temáticas de sexualidad, homosexualidad y género son estudiadas in extenso en diversos campos como la antropología, la psicología y la sociología, en el campo de la lingüística en Colombia la literatura académica sobre el tema es escasa. En el ámbito internacional, trabajos como los de Hayes (1979), Romaine (1999) y Kulick (2000) muestran que en las últimas tres décadas del siglo XX hubo una imperante carencia de investigaciones lingüísticas sobre el habla gay, y que las pocas referencias existentes aparecían en publicaciones de poco reconocimiento, de acuerdo con los cánones de la academia, o en medios de poca circulación como memorias de eventos o escritos inéditos. En la actualidad, a nivel internacional (Ortega, 2007; Rodríguez, 2008; Sanz, 2009; Spargo, 2004), los estudios sobre sexualidad y lenguaje han empezado a gozar de reconocimiento académico gracias a publicaciones como las del Journal of Language and Sexuality, o el Gender and Language Journal.

Según Kulick (2000), una de las razones por las que la investigación en temáticas gay no ha sido un tema frecuente en la lingüística tiene que ver con las estructuras de discriminación presentes en la academia de ciertos países, ya que hasta hace poco se desalentaba cualquier tipo de investigación sobre la homosexualidad que no la mostrara como “desviada”. Además, anota Kulick (2000), los pocos trabajos desarrollados sobre el lenguaje gay y lésbico hasta finales de la década de los noventa se centraban en la discusión del concepto de ‘homosexualidad’, en debates acerca de los pros y contras de palabras como “gay” o “queer”, o en posibles estudios etimológicos para algunas de las palabras usadas por dicha comunidad.

No obstante, la variedad lingüística gay2 es digna de una caracterización que muestre su riqueza y sus particularidades. Al igual que todas las hablas argóticas,3 esta variedad lingüística “cumple funciones crípticas, lúdicas, de identidad y cohesión social entre miembros de un mismo grupo, y cuya principal característica es la transformación y creación léxica. Es humorística, juguetona, creativa y muy variable” (Castañeda, 2005, p. 80).

En el estudio que se presenta a continuación, se logró determinar, a nivel morfológico, la existencia de cinco procedimientos de creación léxica (Composición, Derivación, Truncamiento, Combinación y Paranomasia), siendo la derivación la más productiva de todas ellas y la que más elementos de análisis aportó dentro de esta categoría. A nivel semántico, se encontraron siete procedimientos que ayudan a dar forma a los significados dentro de la comunidad homosexual, siendo la metáfora el mecanismo más utilizado. Una categoría semántica interesante, por la cual el ejercicio de significación se pone de manifiesto, es la efeminización. Este proceso característico de afirmación sociosexual se utiliza como recurso de cohesión e identificación frente a los discursos normativos de la sociedad. Propone, además, una crítica de los roles femeninos con respecto a las figuras masculinas, dotándolas de un valor positivo que pone en relevancia su importancia dentro la sociedad misma. Dentro de los procesos de resemantización se destacó el uso de cacofemismos. Estas formas, para muchos ofensivas, denotan un particular sentido del humor dentro del proceso de asignación de significado, y son usados como elementos de cohesión, cercanía e identificación dentro de la comunidad misma.

Finalmente, la fuerza emotiva que impulsa la utilización de dichas expresiones yace en la necesidad de crear identidad. Es prioridad de los usuarios sentirse identificados con el contexto que los rodea, nombrándolo de acuerdo con sus prácticas, como también hacerse partícipes de la comunidad por medio de interacciones sociales que denotan cercanía o aceptación del otro dentro de la comunidad gay. Es decir, se crea identidad a partir del uso del léxico ya que éste es la herramienta por la cual se aprehende y se transforma el mundo. El léxico describe los procesos de construcción de redes sociales en aquellos individuos cuyo comportamiento sociosexual no se corresponde con el discurso heteronormativo, y cuyos códigos comunicativos son instrumentos de afirmación de su identidad sociosexual, dentro de dichas redes. En este sentido, el uso de sus propias creaciones permite a sus usuarios, en un contexto heteronormativo, romper con los esquemas de opresión y discriminación que la sociedad ha impuesto históricamente a grupos minoritarios (o minorizados). Es a través del uso de una semántica particular que, en medio de lo humorístico y lo jovial, se constituye una misión libertaria e identitaria. Con esto en mente, el objetivo de este artículo es presentar, desde un enfoque descriptivo, los modos de creación léxico-semántica en un grupo de hombres homosexuales de la ciudad de Santiago de Cali.

REFERENTES TEÓRICOS

El ejercicio de descripción de hablas minoritarias, al constituirse en instrumento de evidencia del uso idiomático de un grupo dado, es la estrategia que permite visibilizar las identidades locales -particulares- dentro de la comunidad de práctica;4 estas descripciones deben propender por que los cambios (histórico-sociales, económicos y culturales) no sean un factor de alienación de las identidades socioculturales o expresiones sociales de dicha comunidad. Es así como la descripción objetiva y el análisis léxico de las comunidades de práctica ponen de relevancia tanto las expresiones sociales con un prestigio evidente, como aquellas socialmente excluidas o minorizadas.

Las descripciones del nivel lexicográfico permiten discernir los valores sociolingüísticos de los hablantes en su relación con la estructura social (Vallés, 1998). La lengua, a su vez, se integra a las dinámicas de los cambios de la época, cambios histórico-sociales, económicos y culturales que son determinantes en la construcción de ideologías y, al mismo tiempo, son instrumentos de acción social y de poder. El léxico, al ser el nivel más inmediato que nomina la realidad, constituye un factor de creación de identidad social que pone de manifiesto la concepción de los hablantes sobre su mundo. Por lo tanto, no es extraño que los hablantes creen nuevos vocablos y expresiones que rindan cuenta de su interacción con la sociedad y el mundo cambiante.

A la luz de los aportes de Montes (1983, 1995) sobre la creación léxica en el español de Colombia, podemos establecer dos tipos fundamentales de motivación. Por un lado, se encuentra una motivación por relacionamiento o comparación de un referente con otro u otros. En este nivel se habla de los procedimientos que motivan las creaciones metafóricas (Montes, 1983). En segundo lugar, se encuentra la motivación funcional o gramatical en la que se pueden considerar dos modalidades principales: a. La que crea términos por medio de procedimientos gramaticales (la composición); b. La que por medio de elementos gramaticales forma términos de diferente relación, así como términos pertenecientes a otra categoría gramatical (la derivación).

Por su parte, Ullmann (1962/1976) propone tres tipos diferentes de motivación: la motivación fonética, consistente en el uso de las onomatopeyas como artificio estilístico en la creación de palabras; la motivación morfológica, que resulta en la creación de palabras a partir de la sufijación, la prefijación y la composición; y la motivación semántica, que centra su análisis en aquellas expresiones figurativas del lenguaje.

Los procesos morfológicos son las estrategias de creación de nuevo léxico haciendo uso de los elementos existentes dentro de la lengua. En español, los procesos más usados son la composición y la derivación. La composición, según Alcaraz y Martínez (1997), “consiste en la formación de una nueva unidad léxica mediante la combinación de dos o más palabras, de dos o más piezas léxicas que funcionan como formas libres, autónomas, en la lengua.” (p. 123). Por otra parte, estos autores definen la derivación “como una adhesión de elementos léxicos en una palabra que no son funcionales de manera independiente” (Alcaraz & Martínez, 1997, p. 125). Este proceso permite a menudo cambiar la categoría gramatical de la palabra original a través del uso de afijos.

Se destacan también el truncamiento y la paranomasia. El primero consiste en “la reducción del significante de una palabra, generalmente concretado en la pérdida de sílabas o fonemas iniciales (aféresis, como ‘apá’ por ‘papá’), finales (apócope, como en ‘lesbi’ por ‘lesbiana’), y a veces intermedios (síncopa, como ‘aentro’ por ‘adentro’)” (Almela, 1999, p. 202). La abreviación se hace a nivel silábico y nunca en segmentos inferiores del lexema base. La paranomasia, por su parte, es la figura del lenguaje que consiste en usar parónimos con el fin de producir efectos lúdicos y estilísticos a partir de las similitudes en los sonidos de las palabras (homófonas) o en su grafía (homógrafas) (Alcaraz & Martínez, 1997, p. 432); tal es el caso de “musculoca” en el que se manipulan las sílabas de las palabras “musculosa” y “loca”, dando así un matiz humorístico y despectivo al término.

Por otra parte, la flexión de género puede entenderse como el uso de sufijos flexivos del español para denominar lo femenino o masculino. Generalmente estos sufijos no se consideran derivativos ya que no “crean palabras a partir de otras, sino que ayudan a formar el paradigma de una palabra” (Hualde, Olarrea, Escobar, & Travis, 2010, p. 130). El uso por ejemplo de los artículos y los pronombres como marca de género es también tema importante en la construcción del lenguaje en español; para la comunidad estudiada esta marca de género posee una peculiaridad que se explicará en el análisis.

Todos estos procesos morfológicos se combinan a su vez con procesos semánticos entre los que se distinguen principalmente la metáfora y la metonimia. Ullmann (1962/1976) define la metáfora como una “comparación condensada que afirma una identidad intuitiva y concreta” (p. 241), es decir, que la metáfora aporta una extensión del significado de una palabra, haciendo una traslación semántica de un dominio cognitivo a otro. Para Montes (1983), la metáfora puede ser de tipo global o por rasgo parcial. Ullmann (1962/1976) propone una clasificación que está presente en diversas lenguas y estilos literarios: Metáforas Antropomórficas (referida a objetos inanimados que toman forma del cuerpo humano o sus partes); Metáforas Animales (o animalizadoras, en la que objetos inanimados, o el ser humano mismo, pueden ser comparados con animales gracias a una o más de sus características); Metáforas de lo concreto a lo abstracto (consiste en transferir experiencias abstractas en términos concretos); y las Metáforas Sinestéticas (trasposición de un sentido a otro) (pp. 242-246).

La metonimia es el proceso que surge entre palabras que gozan de contigüidad semántica, es decir que ya están relacionadas entre sí por la naturaleza de lo que nominan (Ullmann, 1962/1976). Los tipos de metonimia, entonces, se clasifican de acuerdo con el tipo de relación que establece entre dos cosas: la parte por el todo, el todo por la parte, el símbolo por la cosa simbolizada, el lugar por lo que en él se produce, el objeto poseído por el poseedor.

Finalmente, existen también otros recursos semánticos que se han identificado en las investigaciones sobre las hablas de homosexuales en otros países (Ortega, 2007; Rodríguez, 2008; Sanz, 2009; Spargo, 2004): la resemantización, los cacofemismos y la efeminización. La resemantización implica una reasignación o reelaboración del significado de un lexema o palabra (Ullmann, 1962/1976). Los cacofemismos se definen por contraste con sus opuestos, los eufemismos. Los primeros corresponden a la utilización de un término que en el contexto puede ser desagradable o vulgar, atribuyéndole un sentido positivo, de admiración o de afecto, “pues es precisamente con las ‘malas palabras’ que se evoca algo bueno” (Gaspar, 2013, p. 41).

Por último, la efeminización, según Sanz (2009), es junto con la metáfora el proceso más destacado dentro del código léxico de las comunidades de práctica sociosexualmente minoritarias, y se manifiesta morfológica y semánticamente por dar tratamiento femenino a sustantivos que no lo son. Este proceso es el ejemplo más notable de reinterpretación de manifestaciones canónicas de patrones heteronormativos en el habla, ya que “ningún otro grupo de hablantes practica de manera tan frecuente esta transformación de las referencias de género recibidas” (Sanz, 2009, p. 152); en otras palabras, esta práctica de afirmación sociosexual, de cohesión e identificación, frente a los discursos normativos, se elabora en paralelo a la marginación de lo femenino ante lo masculino, pero no como una simple mímesis de esta, sino como una transgresión de la norma establecida.

METODOLOGÍA

La investigación corresponde a una caracterización léxica de corte etnográfico, descriptivo y explicativo en una dimensión sincrónica (entre los años de 2012 y 2015), que se llevó a cabo en tres etapas. Para la etapa inicial, se utilizaron métodos clásicos de recolección de corpus como la observación directa de la interacción de habla espontánea entre los informantes, seguida de entrevistas semiestructuradas y preguntas sobre elementos léxicos concretos, y observación participante (DeWalt & DeWalt, 2002). Se emplearon las técnicas descritas por Ramírez y Almira (2016) para elicitar el habla espontánea. Se usaron, además, medios electrónicos como las redes sociales y las salas de chat -medios de interacción de habla espontánea por naturaleza- para la recolección de otras tantas formas léxicas. Los informantes que participaron en la recolección del corpus inicial fueron 60 hombres homosexuales con edades entre los 18 y los 45 años de edad, todos ellos procedentes y residentes de la ciudad de Santiago de Cali. De esta primera etapa se recogieron doscientos ochenta y cuatro (284) términos, provenientes de 25 horas de grabaciones de audio y, en promedio, 10 horas de interacción en chats y redes sociales.

En una segunda etapa, se procedió a depurar el corpus de posibles lexías idiolectales o poco representativas dentro de la comunidad. Para esta etapa se contactó a diez nuevos informantes para confirmar o negar el uso de los términos. Sólo se tuvieron en cuenta los términos reconocidos por al menos siete de estos nuevos informantes. Así se obtuvo el corpus definitivo con doscientas seis (206) entradas, que sirvió para crear el glosario. Estas entradas se organizaron en seis categorías, establecidas según el campo semántico o la función comunicativa que cumplen los términos: 1. Insultos; 2. Denominación y Autodenominación; 3. Sexo y sexualidad; 4. Lugares de encuentro; 5. Actividades de la comunidad y 6. Locuciones. Las definiciones de los términos se establecieron según los semas reportados por los informantes. Hemos dispuesto un vínculo en internet (Herrera, 2016) en el que se puede tener acceso al glosario completo. Finalmente, la tercera etapa consistió en analizar el mecanismo de creación usado en cada término y su posterior clasificación en categorías siguiendo la propuesta de Montes (1983).

ANÁLISIS SEMÁNTICO DE LOS TÉRMINOS OBTENIDOS

Hablar de procesos de cambios semánticos, cuando nos referimos a procesos de creación léxica, es hablar, sin duda, de procesos de resemantización, de las posibilidades que tiene una comunidad de nombrar y entender lo que se nombra; en otras palabras, es hablar de cambios de “significados que reflejan cambios en la mentalidad pública” (Ullmann, 1962/1976, p. 3). La semántica, en ese sentido, aporta elementos considerablemente importantes para entender la relación que subyace entre el lenguaje, el pensamiento y la realidad circundante. Por lo tanto, el análisis del lenguaje en comunidades específicas cobra validez en el estudio de esa relación.

La Efeminización: “porque todas somos, al menos, un poquito homosexualas”5

La efeminización es, sin duda alguna, el proceso de creación léxica más característico y desafiante que la comunidad gay utiliza para nombrar su realidad. Bien lo ha dicho Sanz (2009) cuando plantea que ningún otro grupo humano se ha atrevido a practicar, de una manera tan frecuente, este tipo de transformaciones del género recibido como lo ha hecho esta comunidad. Es así como el subvertir el lenguaje en su forma del sexo gramatical y semántico es, en otras palabras, una forma de reinterpretación de los cánones heteronormativos sobre los que reposan las bases sociales y culturales de nuestra sociedad.

Se puede decir que el uso en el habla espontánea de formas femeninas para denominar a alguien que no lo es carga en sí mismo un sentido de divergencia que busca una afirmación sociosexual de cohesión y de identificación con respecto a la comunidad de práctica. No obstante, hay algunos autores (Rudes & Healy, 1979 como se citó en Kulick, 2000) que consideran que este tipo de habla no se corresponde de manera general con todos los homosexuales, y más bien es restringido a un cierto grupo de ellos que de una manera u otra han invertido tiempo significativo en la interacción con otros individuos que se sienten más confiados acerca de su condición sexual en lugares públicos o aquellos denominados “de ambiente”. En este apartado se presentan algunos ejemplos del corpus en los que el cambio semántico se constituye en un mecanismo de creación léxica y de identidad.

Algunas expresiones como “ella”, “mujer” y “hembra” usadas en la lengua estándar son formas denominativas para el género femenino que cargan en sí mismas la semántica del “haber nacido bajo ese sexo”; son usadas dentro del lenguaje gay como denominativos cariñosos y humorísticos para referirse al hombre homosexual con comportamientos y actitudes femeninas o muy amaneradas. Incluso, la forma “hembra” exagera un poco al denominar a un gay cuando se lo considera más femenina que una mujer.

Otros ejemplos son expresiones como “madre”, “abuela”, “madrina” y “mamita”, que dentro de la sociedad son roles predominantemente femeninos dentro de las familias, pero que en la comunidad han sido adoptados para denominar a algunos homosexuales que cumplen con ciertas características representativas de dichos roles, como la protección, el apoyo económico, los cuidados y el afecto. El afecto dentro de la comunidad gay es un aspecto que denota cercanía, amistad, cohesión dentro del grupo, pero al mismo tiempo puede ser usado de forma contraria para despreciar, disminuir y mofarse del otro. Las palabras que fueron escogidas como ejemplos ilustran esta relación y brindan claridad sobre el fenómeno mismo de la creación de comunidad. “Madre” y “abuela” dentro de la sociedad son dos expresiones que celosamente guardan un sentido familiar inequívoco, cargadas de afecto, amor y buenos sentimientos, ambas son consideradas como epicentro de la familia y es su figura la que da firmeza y estabilidad al resto del grupo familiar. Esta esencia se mantiene igualmente dentro de la comunidad gay: “Madre” es el homosexual que asume rasgos protectores hacia otros gais, que ayuda a otros a asumir su condición y los adopta como sus “hijos”. “Abuela”, por su parte, además de haber cumplido con su rol de “madre” en algún momento, es el homosexual de más edad que puede, o no, tener cierto prestigio en la comunidad. Estas dos figuras son respetadas dentro de las dinámicas del mundo gay.

No obstante, como ya se mencionó, este afecto puede cambiar y la palabra “abuela” puede denominar, despectivamente, al homosexual mayor que deambula por los sitios de ambiente, buscando jóvenes para sostener algún tipo de relación sexual o afectiva (se convierte así de “abuela” a una “vejeta”). El otro ejemplo, “mamita”, que generalmente es usado dentro de las familias como diminutivo de “mamá o madre”, y lleva una carga emocional y afectiva positiva, puede, por un lado, denominar a cualquier miembro de la comunidad de manera jovial, o puede denotar una carga despectiva hacia una persona de cualquier género.

Es importante mencionar que el mecanismo de la efeminización incide en otros procedimientos, tanto semánticos como morfológicos, de creación léxica: se encontró presente en todas las metáforas animalizadoras que se explicarán más adelante, como en el caso de “gallina”, “loba” y “gata”, que son utilizadas casi siempre de forma despectiva para comparar sus comportamientos con los de los humanos a quienes se les atribuyen. Estas voces llevan en su significado la carga de sexo femenino y denotan características o bien de frivolidad por la facilidad de “levantar” y “conquistar”, o de descaro por buscar sexo ocasional y esporádico.

En el campo morfológico, la efeminización está presente en todos los adjetivos y sustantivos que admiten una flexión de género, pero también en aquellos de flexión neutra o indeterminada, como en el caso de expresiones tales como “homosexuala” u “horribla”, que dentro de la comunidad se usan para denominar a un individuo gay que no es muy agraciado físicamente. Como vemos, la categoría de adjetivo se mantiene, pero su flexión neutra o indeterminada pasa a femenina. Otros ejemplos de este fenómeno son: “princeso” por “princesa” y “pasiva” por “pasivo” (cuando se refieren a los roles sexuales). En este sentido, el habla de los homosexuales, disímil de la forma estándar heteronormativa, usa la efeminización para alterar la forma clásica de denominar lo femenino y lo masculino, intercambiando y utilizando indistintamente el uso de los morfemas flexivos según la conveniencia y efecto emotivo; a pesar del cambio morfológico dentro de la palabra, el significado, en algunos casos, mantiene la forma original.

Otro caso particular es el del uso de “macha” como femenino de “macho”. Como se sabe, en español, algunas palabras no hacen una diferenciación del género mediante la oposición de desinencias, en este caso los morfemas -a / -o, sino mediante la heteronimia, “no se trata, pues de una misma palabra con diferentes marcas o terminaciones, sino de dos palabras distintas: padre/madre; caballo/yegua, carnero/oveja; yerno/nuera, etc.” (Gómez, 1991, p. 8). “Macho” es un ejemplo de estas palabras, su equivalente femenino sería “hembra” y no “macha” como es usada dentro de la comunidad en tono burlesco para referirse al homosexual que pretende asumir cualidades exclusivamente varoniles.

Dentro de lo que Montes (1983) denomina estados fisio-sicológicos, encontramos que los estados de la mente cuentan también como fuente de creación léxica. El mejor ejemplo para esta categoría es el encontrado con el uso de la palabra “loca”. Comúnmente esta es usada para denominar a una persona con un estado alterado en su salud mental; es usual considerar a estas personas como casos que van en contra de lo que canónicamente es normativo con respecto al comportamiento dentro de la sociedad. Esta relación es la que da vida a la expresión “loca” dentro de la comunidad gay, que junto a “marica” son las formas más comunes para denominar a un homosexual; a aquel que ha optado por asumir su condición sexual abiertamente ante la sociedad y que va en contra de lo que se considera normal o del concepto heteronormativo de la dualidad sexual hombre y mujer.

Finalmente, el caso de la diferenciación del sexo dentro del léxico también se da al utilizar los artículos y los pronombres como marca de género. Generalmente, el / lo / ese / aquel / este / esto, etc., son usados para denominar realidades morfológica y gramaticalmente marcadas como masculinas y sus opuestos la / esa / aquella / esta / esa, etc., para las femeninas. En el lenguaje gay esta dicotomía cobra otro sentido, y es común escuchar, por ejemplo, la expresión “la Carlos” o “esa” para referirse al hombre llamado por ese nombre.

Construcción de Metáforas y Metonimias

La comunidad homosexual de Cali se ha hecho a herramientas metafóricas y comparativas de diferente índole y comparaciones con animales, objetos, profesiones y hasta alimentos que han nutrido su lenguaje y lo han llenado de significados irónicos y sarcásticos, así como de una carga sexual y picaresca. Se evidenció que el campo semántico del sexo predomina en la construcción de metáforas, pues estas nominan diversas formas del acto sexual o de los roles y actitudes de los sujetos en él; asimismo, la construcción de metonimias prioriza el campo semántico de los lugares de encuentro y las actividades propias de la comunidad homosexual.

Aparecen en el corpus diversos ejemplos de metáfora global, los cuales ilustraremos con dos ejemplos. Primero, la palabra “herramienta”, que es comúnmente usada para denominar cualquier tipo de instrumento útil para realizar alguna labor, dentro de la comunidad gay hace referencia al cuerpo en general o al órgano sexual del hombre y, obviamente, basa su comparación en el hecho de que el cuerpo, o dicho órgano, son las herramientas usadas por el homosexual para satisfacer sus deseos. Por otra parte, la locución “cantar en el coro” es considerada como una metáfora global, ya que lo que se está comparando es la pertenencia de alguien a un coro con el hecho de hacer parte de la comunidad estudiada. Es decir, en este caso la locución “cantar en el coro” es utilizada para denominar a quien hace parte de la comunidad gay. Como lo dice Montes (1983), la metáfora global pretende nombrar una realidad (Nominandum) comparándola y nombrándola con otra, pero conservando el mismo contenido denotativo.

Dentro del corpus recogido se identificaron también ocho tipos de metáfora por rasgo parcial. Por similitud de forma, por ejemplo, se encuentran las expresiones “careca” y “clítoris”. La expresión “careca”, o “cara de caballo”, hace referencia a las características físicas (generalmente de un travesti o una mujer transgénero) con rasgos faciales aún masculinos o toscos, lo cual se considera poco estético, dando así lugar a la comparación con la cara del animal. La expresión “clítoris”, que según la RAE es definido como un “cuerpo pequeño, carnoso y eréctil, que sobresale en la parte más elevada de la vulva” (Real Academia Española, 2001), se utiliza en el vocabulario gay para referirse al pene de un hombre gay.

Se observaron también metáforas por función igual o similar, como el caso de las expresiones “tragona” y “closetera”; el ejemplo “tragona” compara la función fisiológica de deglutir los alimentos con la de soportar miembros de gran tamaño en el momento del acto sexual; en ambas realidades la función se considera como fisiológica: la primera de tragar alimentos, y la segunda de satisfacer los deseos sexuales. El segundo ejemplo hace parte de las expresiones más comunes dentro de la comunidad gay, ser una “closetera” significa estar escondido, en el anonimato, no haber salido del clóset y esto implica no haberse declarado públicamente gay. Comparando el sentido de “clóset” en la lengua estándar, se puede identificar que éste tiene la función de guardar, de almacenar, de mantener algo oculto que no se está usando o que no se requiere en el momento. Así, en ambos casos, la función de ocultamiento o del resguardo de algo está explícitamente inmersa en el objeto, “está en el closet”.

Las expresiones “hacer casting” y “montarse” son ejemplos de metáfora por similitud en algún aspecto de procesos, actividades o estados. La locución “hacer casting” en las artes, el cine y la televisión es un proceso que se realiza para escoger, gracias a sus cualidades, la mejor persona para determinado rol. Dentro de la comunidad gay, “hacer casting” se entiende como la acción de seleccionar o elegir a alguien dentro de un público para convertirlo en una posible conquista. La acción implica observar al posible candidato, analizando sus comportamientos, formas de actuar, físico y demás. De esta manera, para el primer caso -escoger un actor- y el segundo -escoger un amante-, el proceso es similar. En el caso de “montarse”, la expresión denomina el hecho de vestirse de mujer dentro de la comunidad gay. La acción de “montarse” hace referencia a ponerse o subirse encima de algo, que en este caso es un par de tacones: para vestirse de mujer y asumir un rol femenino es necesario “montarse” en sus tacones.

El uso de comparaciones que atribuyen características y comportamientos animales a humanos (metáforas animalizadoras) es un fenómeno bastante común en el habla estándar, cosa que no es ajena dentro de la comunidad gay. Los ejemplos “mariposa”, y “suricata” son sólo una pequeña muestra de lo que se encontró en el corpus recogido. El primer ejemplo, “mariposa”, compara los movimientos delicados y sutiles del animal, y su gracia y fragilidad física, con aquellos que puede realizar un homosexual o una persona afeminada. Esta expresión es ampliamente usada entre los homosexuales, como en los heterosexuales para denominar a los hombres que por sus comportamientos denotan un marcado amaneramiento y feminidad. En el caso de “suricata” la metáfora hace alusión al hecho de que este animal, aunque frágil y pequeño, puede llegar a ser bastante ágil y destructivo. La motivación detrás de esta metáfora surge precisamente porque en la comunidad gay el término “destruir” significa hablar mal de otros homosexuales. Así las cosas, la palabra “suricata” hace mención a un miembro de la comunidad gay que difama a otras personas, aunque aparente ser inocente.

Los estados, caracteres y actividades fisio-sicológicas son también una fuente de creación léxica: “comer” y “hambrienta” son ejemplos de este tipo de metáfora, en los que se establece una comparación a partir de necesidades fisiológicas que merecen ser satisfechas. “Comer” y “hambrienta” se utilizan para denominar deseos sexuales, en el primer caso designa el acto o el deseo de tener sexo, y en el segundo, caracteriza a la persona que demuestra exageradamente las ganas de lo mismo. Se comparan con sus homónimas en la lengua estándar, que para el primero denomina la acción de alimentarse, y para el segundo el estado propio del que no ha comido.

Se identificaron, también, metáforas según el lugar donde se da, se produce, se ejecuta o se contiene algo, como en el caso de “cuarto oscuro” y “putiadero”. Estos lugares de encuentro son, en sí mismos, portadores de significado claramente diferenciado de sus homónimos usados en el habla estándar. El “cuarto oscuro”, se podría definir como una habitación con poca iluminación en donde pocas actividades se podrían llevar a cabo debido a su estado de oscuridad, salvo aquellas que ameritan esa particularidad para ser realizadas, como por ejemplo el sexo o alguna práctica delictiva. Sin embargo, es ese estado de oscuridad y esas actividades lo que dentro de la comunidad gay carga semánticamente a este lugar; así, un “cuarto oscuro” es un pequeño espacio dentro de algunos establecimientos gais desprovisto de iluminación y designado, generalmente, para generar morbo, o proporcionarlo, a las personas que puedan encontrarse allí, y las actividades ejecutadas pueden estar dentro del espectro de lo sexual, del consumo de drogas, entre otras. El segundo ejemplo, “putiadero”, es el lugar denominado por la actividad desarrollada en su interior, el “puteo” (Ver glosario en línea). Esta expresión, originalmente, denomina los sitios en donde se encuentran las prostitutas (mujeres) y a donde los hombres asisten a satisfacer sus deseos sexuales; el uso dentro de la comunidad, aunque difiere del original por no referirse a un sitio en particular sino a cualquier lugar que disponga de condiciones para la búsqueda de compañero sexual y la satisfacción de las ansias sexuales, obtiene su sentido gracias a la actividad que se ejecuta en ambos espacios.

Dentro de la comunidad estudiada el uso de la metonimia es bastante productivo en la formación de locuciones, lo que muestra que no sólo se puede construir una realidad utilizando estas herramientas en palabras, sino que son efectivas también en dichos, refranes y frases que denotan, en sí mismos, una forma lúdica de referirse a la realidad que se compara.

El corpus muestra la presencia de metonimias de la parte por el todo, como en el caso de “ojo de loca no se equivoca” y “tomar los vapores”. En el primer caso, el ojo es utilizado como la parte que denomina a la persona homosexual y que en la relación dice no equivocarse al descubrir a otro homosexual gracias al desempeño del ojo en el ejercicio de poder ver. De hecho, la locución es usada como una premisa en la cual un gay puede identificar a otro sólo con verlo y para eso utiliza su visión, por extensión su “ojo”. En el segundo caso, “los vapores” son la parte que designa al efecto que se produce en un baño turco o sauna cuando está encendido. Esta locución posee un sentido críptico para denominar un lugar de conquista y de sexo casual entre algunos miembros de la comunidad, sin que otras personas sepan a qué se refieren.

De manera similar, en la relación del todo por la parte se encuentra el sentido inverso de la relación explicada anteriormente. No es una parte lo que nombra la realidad, sino que es toda la realidad (la generalidad) la que servirá para denominar una parte de la misma. En “camionera”, se denomina a un grupo en particular dentro de la comunidad gay -las lesbianas- por las características físicas que poseen las personas que manejan grandes vehículos, como los camiones. Es decir, es el conjunto de características de los camioneros, su rudeza, forma de vestir, rasgos masculinos muy marcados y actitud fuerte y desafiante, lo que sirve para denominar a este grupo de mujeres lesbianas (una parte de la comunidad). El otro ejemplo, “vejeta”, utiliza la comparación del todo, en este caso, la vejez como estado de vida, con un grupo en particular de homosexuales, los adultos mayores. En este caso, la vejez, un estado considerado vergonzoso y que genera miedo para esta comunidad, es el todo que sirve ya sea para denominar a los homosexuales que evidentemente están en este estado de la vida o de manera despectiva a quienes aún no lo están.

La relación del símbolo por la cosa simbolizada se ilustra en “soltarse las trenzas” y “que atiende por la puerta y la ventana”. La primera locución expresa un simbolismo que yace en la acción de soltar. Soltar significa desligar, desatar o desceñir; en ese sentido, “soltarse las trenzas” quiere decir liberarse de algo que está enredado, soltar las cosas que no le permiten a la persona ser más lo que quiere o debe ser, pasar de una timidez a una notoriedad ganada o impuesta por la comunidad misma. El segundo ejemplo, “que atiende por la puerta y la ventana”, devela un doble simbolismo; primero “atender” significa prestar un servicio, satisfacer un deseo y, a nivel sexual, atender es entregarse en el acto. Segundo, el binomio “puerta y ventana” simboliza la dualidad y flexibilidad de asumir ambas realidades; la locución hace referencia a la persona que puede adoptar de manera flexible ambos roles sexuales, como el activo o como el pasivo, es decir, denomina al llamado “versátil” dentro de la comunidad.

El objeto poseído por el poseedor es un tipo de metonimia presente en las expresiones “pinzas” y “plumas”. Ambas expresiones denominan, en primer lugar, rasgos propios de objetos femeninos: la pinza como artefacto para peinarse y la pluma como accesorio, generalmente en la vestimenta de las mujeres. En segundo lugar, por extensión hacen referencia a elementos que se relacionan con actividades u objetos exclusivamente femeninos. Así, en el uso, estos dos vocablos plantean una relación de pertenencia de características femeninas explícitas en un hombre homosexual, al decir que este “tiene muchas pinzas o muchas plumas”.

Al ser el léxico la parte del lenguaje con menos resistencia a los cambios semánticos, como propone Ullmann (1962/1976), estos son fácilmente asimilados y elaborados dentro de las comunidades de práctica, pasando por diversos mecanismos comparativos que culminan en la resemantización de términos ya existentes. Encontramos, por ejemplo, la expresión “Trabajar”, que en la lengua estándar nos lleva a pensar en cualquier actividad remunerada; sin embargo, dentro de la comunidad gay esta expresión es usada para referirse a la acción de flirtear o enamorar. Así, se puede decir que se hace una extensión del significado a partir de su uso, refiriéndose a las actividades de conquista desarrolladas por la comunidad. Otro ejemplo es el del verbo “triunfar”. Normalmente, este significa quedar victorioso o tener éxito, definición que está abierta a cualquier tipo de actividad o acción. Dentro del corpus recogido, esta expresión sufre una restricción de significado ya que se utiliza, únicamente, para referirse a la acción de haber tenido sexo.

Un proceso de resemantización muy interesante identificado en el habla gay es el cacofemismo, que consiste en utilizar un término peyorativo, atribuyéndole un sentido positivo de admiración o afecto para denotar cercanía, complicidad o cohesión dentro de los grupos. Los recursos usados por la comunidad estudiada resultan ser muy productivos para expresar el vínculo lúdico y afectivo que subyace dentro de las relaciones sociales desarrolladas en la interacción. Para ejemplificar se utilizarán dos de las expresiones de mayor aparición dentro de las interacciones comunicativas. La primera, “maldita”, es una expresión que se evita en el habla estándar por la connotación moral que conlleva; sin embargo, gracias al uso constante dentro de la comunidad gay esta palabra se ha resemantizado, y ahora funciona como sinónimo de “diva” para denominar a un homosexual de personalidad impactante.

El segundo ejemplo es el de la expresión “perra”, usado comúnmente fuera de la comunidad gay como insulto hacia una mujer. Ahora bien, dentro de la comunidad gay esta palabra no se consideraría ofensiva en lo absoluto, aunque también puede llegar a ser despectivo en situaciones que así lo ameriten. Así, denominar a alguien como “perra” no sería otra cosa que hacerle un cumplido por la facilidad de establecer relaciones o por su extensa experiencia sexual.

Desde los Extranjerismos y los Préstamos

Aunque Montes (1983) propone que la denominación de nuevos términos a través de los extranjerismos y los préstamos ocurre, comúnmente, debido a los avances tecnológicos o por la aparición de vocablos especializados para denominar realidades nuevas, dentro de la comunidad gay los extranjerismos denominan, grosso modo, conceptos relacionados con el sexo y las personas que hacen parte de la comunidad de práctica.

Se encontraron préstamos del inglés que los hablantes han adaptado morfológicamente. A estos se les adiciona algunos sufijos que cambian su categoría gramatical, como es el caso de “Closetera”, “Showsera”, y “Fashionista”. A los dos primeros casos, se les agregó el sufijo -ERA, de carácter denominativo para ambos, “closet-ERA” / “show-s-ERA” expresando “cualidad de”. Para “fashionista”, el sufijo es -ISTA, denominativo y que expresa “actividad”.

Aparecen también composiciones a partir de extranjerismos adaptados, como son los casos de “loca de gym” y “hacer casting”; en estos ejemplos, lo que se generó fue una composición que reelaboró el sentido de las expresiones en inglés, debido a las palabras del español que las acompañan. Así, por ejemplo, “loca de gym” toma prestada la expresión gym, forma acortada de gymnasium en inglés. Esta composición es usada para denominar a aquellos homosexuales que buscan adoptar comportamientos y apariencia masculina haciendo uso del gimnasio. Finalmente, “hacer casting” se podrá entender por la acción de seleccionar o elegir a alguien dentro de un público para convertirlo en una posible conquista o levante. Generalmente se realiza observando al posible candidato, analizando sus comportamientos, formas de actuar, físico y demás.

Algo característico de los extranjerismos y los préstamos encontrados es que todos fueron tomados del inglés; esto refleja una influencia cultural de países angloparlantes, más específicamente de los Estados Unidos, debido a que la comunidad gay se identifica con los modelos de mayor aceptación y apertura sexual. En ese sentido, es común que las personas homosexuales consuman programas de televisión, medios impresos y música, que promueven el libre desarrollo de la homosexualidad en contextos de países desarrollados, y es de ahí que la comunidad gay caleña puede entrar en contacto con la terminología del inglés.

ANÁLISIS MORFOLÓGICO DE LOS TÉRMINOS OBTENIDOS

Desde la Composición

En el corpus analizado, la formación de las palabras compuestas se da gracias a la combinación de raíces léxicas pertenecientes a diferentes categorías gramaticales. Son ejemplos de composición por tipo de combinación:

  1. Raíz de un verbo + Raíz de un sustantivo: “Muerdealmohada” → “morder” + “almohada”; “Soplanucas” → “soplar” + “nuca” (parte anterior del cuello).

  2. Raíz de un sustantivo + Raíz de un adjetivo: “Heteroconfundido” → “Hetero” (Heterosexual) + “confundido”; “Heteroflexible” → “Hetero” (Heterosexual) + “flexible”

En las expresiones “heteroconfundido” y “heteroflexible”, se evidencia un doble proceso morfológico, primero un truncamiento6 y luego la composición. A primera vista se podría confundir el uso de “hetero” con el de la raíz prefija homónima que significa diferente. Sin embargo, aquí éste es el resultado del truncamiento de la palabra “heterosexual”, cuyo uso dentro de la comunidad homosexual no se presenta en su forma completa sino con el acortamiento “hetero”. La palabra, ahora acortada, adquiere la carga semántica de la raíz convirtiéndola en la forma usada para denominar a este tipo de personas (heterosexual → hetero). Es decir, lo que antes era raíz prefija, pasa a ser la raíz léxica de la expresión en cuestión.

Sumado a este proceso se encuentra la composición. Después de que “hetero” obtiene la carga semántica de la palabra “heterosexual”, y su estatus social, se combina con los adjetivos “confundido” y “flexible”, denominando, en el primer caso (heteroconfundido) a aquellos hombres que después de experimentar relaciones sexuales, y de otro tipo, con personas del mismo sexo, se encuentran en un estado de confusión con respecto a su identidad sexual; y en el segundo caso (heteroflexible), al heterosexual que ocasionalmente gusta de tener relaciones sexuales con otra persona del mismo sexo, dejando siempre en claro que no es homosexual.

Las formas menos productivas encontradas fueron:

  1. Raíz de un adjetivo + Raíz de un adverbio: “Culipronta” → “Culiona” (que siente gusto por tener sexo) + “Pronto” (adverbio de tiempo).

  2. Raíz de un verbo + Raíz de un verbo: “Putivuelta” → “Putear” + “Voltear” (pasear)

Desde la derivación

Dentro del corpus analizado se encontraron dos prefijos que reflejan cómo dentro de esta comunidad las expresiones de opción sexual se hacen explícitas y van en oposición a la regla normativa de la dualidad femenino / masculino. Por un lado, se encontró el uso del prefijo bi- que significa “dos veces” y que en vocablos como “bisexual” hace referencia a la libre opción y atracción frente a hombres y mujeres por igual.

Se encontró también, y con mayor número de apariciones, el uso del prefijo trans- y su alomorfo tra-, en palabras como “transexual, travesti, transgénero, transformista” y en el préstamo del inglés “tranny”. En estos ejemplos, su significado será de “a través de” o “al otro lado”, y denota un cambio físico, estético o identitario de las personas denominadas como tales.

La creación de sustantivos a partir de raíces léxicas pertenecientes a diferentes categorías gramaticales es, dentro de la comunidad estudiada, un artilugio usado para denominar diferentes realidades de pertenencia, de cualidades, de acciones y de las relaciones. Son ejemplos de sufijos7 nominalizadores:

  1. -ERA, cuando refiere a la cualidad de algo, “showsera”, se habla aquí del homosexual que tiene comportamientos de extrema parafernalia o escenas que socialmente pueden resultar extravagantes.

  2. -ON, referida a quien realiza una acción, “mamón” “chupón”. Ambos son ejemplos de denominación por acción, en este caso, al hombre homosexual que practica el sexo oral.

  3. -ERO, expresa o designa lugar, “mariquiadero” “moridero” “putiadero”; aquí los ejemplos son tomados de la sección “Lugares de encuentro” y designa algunos espacios que los miembros de la comunidad utilizan como puntos de referencia para la socialización, el fortalecimiento de los lazos afectivos y para el ejercicio del coqueteo y la conquista.

  4. -AL, que indica lugar, abundancia o agrupación, “chochal”. Esta palabra denota un sitio de mala reputación dedicado a la rumba o el esparcimiento. La motivación detrás del término viene del uso coloquial de “chocho” por “vagina”; siendo la vagina un órgano que resulta sexualmente desagradable para un hombre homosexual, entonces el “chochal” es un sitio oculto con un valor estético disminuido y desagradable a la vista del hombre gay

Por otra parte, adjetivar una realidad es llenarla de contenido descriptivo; si bien la nominalización pretende nombrarla, la adjetivación dota a la realidad de características propias de acuerdo con los valores axiológicos de la comunidad. Para esto, este grupo social llena su léxico con una carga humorística y sarcástica. Como sufijos adjetivadores se encontraron:

  1. -ERO(A): 8 Este denota una condición implícita del objeto con la persona que es señalada, por ejemplo “closetera” describirá al homosexual que permanece aún en el “closet”, que no ha salido de él, que no ha asumido abiertamente su condición de homosexual. “Camionera” será usada para referirse a la mujer lesbiana que muestra comportamientos muy masculinos, equiparables a los rasgos de los hombres que manejan camiones. Por último, “ratero” se usará para caracterizar al homosexual que no se ve igual de bello en todo momento, es decir, que su belleza se ve condicionada a ciertos ratos.

  2. -OSO(A): En “sidosa”. Un ejemplo claro que expresa condición es este, ya que se utiliza para referirse a otra persona de manera despectiva, atribuyéndole cualidades, en el discurso, de quien podría padecer la enfermedad.

  3. -IL: En “versátil”. En el lenguaje gay, se denomina versátil al homosexual que es flexible en la adopción de roles en sus relaciones sexuales, y bien puede actuar como el activo o el pasivo dentro del acto sexual. Aquí lo que se encuentra es una condición de favorabilidad con respecto al provecho que puede tener dentro de la comunidad, ya que por ser versátil podría tener más oportunidades de encontrar una pareja sexual.

  4. -ANO(A): En “puritana”. Debe entenderse como puritana la persona que es mojigata, que pretende ser pura pero no lo es. Aquí, el sufijo llena de cualidades negativas o peyorativas a quien por extensión no es transparente o puro en su actuar.

  5. -IVO(A): En “pasivo” / “pasiva”; “activo”. Este sufijo brinda cualidades propias de los roles sexuales a cada una de las raíces. En los primeros lo que permite es caracterizar a quien es penetrado en el acto sexual, o a quien tiene comportamientos afeminados o reconoce su rol sexual abiertamente. Se utiliza de forma peyorativa con el morfema flexivo -a. Por su parte la expresión “activo”, se cualifica con un valor de masculinidad mayor al de su opuesto “pasivo”, es así descrito como el que penetra o juega un rol activo en el acto sexual

Entre los sufijos verbalizadores, que permiten nombrar acciones propias de las realidades, el modo de vida, la forma de relacionarse y de encontrarse de los grupos sociales, sólo se encontró el sufijo -EAR y sus representaciones /-ear/ e /-iar/ en la creación de verbos, generalmente unido a una raíz nominal. Ejemplos: “odios-ear”, “arep-iar”, “cul-ear”, “morbos-ear”, “put-ear”, “mariqu-iar” y “tacon-ear. Se incluye el alomorfo {-iar} por tratarse de un proceso de diptongación habitual en la lengua oral.

Si bien las características formales de la creación léxica a partir de la derivación dentro de esta comunidad son prolíferas, encontramos una mayor riqueza léxica en el uso de sufijos endocéntricos aumentativos, diminutivos y peyorativos. Como se ha discutido anteriormente, esta comunidad tiene una particular forma de relacionamiento hacia adentro (refiriéndonos a otros miembros de la comunidad y amigos cercanos) y hacia afuera (con personas no pertenecientes a la comunidad o que no pertenecen al grupo cercano), utilizando formas para algunos despectivas o con una connotación negativa. Las expresiones que para muchos serían peyorativas tienen una carga afectiva positiva que es aceptada no como un insulto, sino como una forma cariñosa que pretende afianzar la confianza, los lazos de amistad y el sentido de pertenencia hacia el grupo. Esto se logra, morfológicamente, haciendo uso de los sufijos diminutivos, aumentativos y peyorativos (y posibles combinaciones), como se verá a continuación:

  1. : -ERA(S) en “camionera”, “closetera”, “arrabalera”; -ORRO(A) en “Machorra”, “Cacorro”; -ONGO(A) en “porronga”; -ICA en “marica”.

  2. : -ÓN / -ONA en “maricona”; -OTA / -OTE en “locota”.

  3. : -ETA en “vejeta”, “mariqueta”; -ITO / -ITA en “loquita de barrio”, “mariquita”, “putita”.

Es importante aclarar que el uso de estos términos se ve marcado por el nivel de familiaridad y cercanía entre miembros de la comunidad, ya que, aunque resemantizados en las dinámicas de la socialización con un valor positivo, pueden igualmente retomar todo su valor peyorativo cuando es necesario usarlos para atacar verbalmente a otra persona.

Desde la Combinación y la Paranomasia

La combinación es un proceso complejo de identificar por su fácil relacionamiento con la siglación, la abreviación y hasta con el truncamiento; sin embargo, algo que diferencia a esta es la “libertad de linearidad” (Almela, 1999, p. 210), es decir, no se restringe el acortamiento a alguna de las sílabas de una palabra (iniciales o finales), o a una determinada forma léxica, aquí se pueden asociar libremente diferentes partes de un componente. Esta libertad hace que la combinación esté estrechamente ligada al recurso de la paranomasia, entendida como una figura estilística que añade un carácter lúdico al uso de palabras que pueden sonar o escribirse con cierta similitud.

Un ejemplo es el que se produce en la expresión “trabestia” (término despectivo que proviene de travesti+bestia, para referirse a un hombre travesti con rasgos toscos y masculinos). Lo que ocurre dentro de la expresión no corresponde a una composición propiamente dicha, ni a un truncamiento en su totalidad, ni mucho menos a una siglación o abreviación de los componentes. El fenómeno es mucho más complejo, consiste en un cruce léxico entre sus partes, que conllevan a la combinación de sus piezas en una sola. Asimismo, encontramos el término “musculoca”, usado para denominar a un hombre homosexual que busca esconder su condición a través de la obtención de musculatura y corpulencia. Aquí se combina una parte de la palabra “musculosa” más la palabra “loca”. En la primera palabra la fricativa, alveolar, sorda →/s/, se ve reemplazada por la oclusiva, velar, sorda →/k/, en un juego sonoro que evidencia rasgos morfo-fonológicos originales en la creación léxica.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

El análisis morfológico y semántico de los procesos de creación léxica en la comunidad homosexual de Santiago de Cali pone de manifiesto la necesidad de un colectivo por reafirmar su identidad y reivindicar su posición dentro de la sociedad. Su habla, junto con todas sus características, muestran la intrínseca relación entre el cambio lingüístico y el contexto social en el que se produce, al que subyacen, entre muchas otras, cuestiones históricas, económicas y políticas que motivan a los hablantes a variar sus hablas so pena de ser estereotipados en “formas socialmente marcadas, etiquetadas de forma notoria por la sociedad” (Labov, 1983, p. 387). La comunidad gay de Santiago de Cali se ha apropiado de palabras y expresiones consideradas tabú, o valoradas negativa y subjetivamente por la sociedad (como aquellas referentes a lo sexual), y las han convertido en sus marcas de identidad lingüística o, como la llamaría Labov, identidad local, que es una categoría fundamental de pertenencia. Falta, sin embargo, estudiar en profundidad otras categorías léxicas encontradas en el corpus (como los extranjerismos “bitch”, “drag queen”, “drama queen”, “hunty”, “honey”, “gaydar”, “bottom”, “top” y “cruising”), al igual que las hablas de las mujeres homosexuales, de los transformistas, de los bisexuales y de todos aquellos que transgredan el binarismo heteronormativo. En ese sentido, es necesario seguir investigando el habla de esta comunidad -minoritaria y a veces minorizada- de manera que se puedan establecer las correlaciones entre sus palabras y el mensaje social, político e identitario que intentan transmitir al resto del mundo

REFERENCIAS

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Este artículo es producto de la investigación “Modos de creación léxica empleados por un grupo de hombres homosexuales de la ciudad de Cali, en situaciones de habla espontánea”, llevada a cabo entre el 2013 y el 2015 por los autores en la Escuela de Ciencias del Lenguaje, Universidad del Valle.
Nos acogemos a la definición de variedad lingüística planteada por Alcaraz y Martínez (1997): “En dialectología y sociolingüística se llama ‘variedad lingüística’ o lecto a la diversidad de formas en el sistema lingüístico de una lengua motivada por razones geográficas o sociales” (p. 586).
Nos referimos al habla gay como argótica por tratarse de un “subsistema léxico no estándar y de carácter eminentemente coloquial (...) empleado en situaciones sociales de proximidad afectiva o como signo de cohesión o connivencia entre personas que comparten unos mismos valores socioculturales” (Alcaraz & Martínez, 1997, p. 64).
Para los propósitos de este artículo y de la investigación que lo originó, se ha reemplazado el concepto de comunidad de habla por el concepto de comunidad de práctica, como lo propone Sanz (2009): “El primero ha sido abiertamente criticado por basarse en una concepción excesivamente limitada y estática de las identidades sociales o de género (.…) El concepto de comunidad de práctica, (…) designa a un grupo de personas que participa, a nivel local, en un proyecto común, para el que acaban desarrollándose valores, estrategias y recursos lingüísticos compartidos. En estas comunidades, las identidades individuales no vienen dadas de antemano, sino que se negocian continuamente a través de las prácticas discursivas entre sus miembros” (p. 143).
Enunciado de uno de los informantes para explicar el uso de la efeminización.
Si bien “hetero” es un formante bastante productivo en español general, para los propósitos de este estudio se ha analizado “hetero” como un truncamiento de la palabra ‘heterosexual’ porque es así como los usuarios de la comunidad lo conciben. Todos los términos usados para referirse a las preferencias sexuales dentro de la comunidad presentan el mismo proceso: “lesbi” (por lesbiana), “bi” (por bisexual) y “hetero” (pronunciado “hétero” por heterosexual). En ese sentido, hemos dado tratamiento de composición a las palabras que contienen esta partícula.
Cabe señalar que estos sufijos, al ser comunes en el español general, no encierran en sí el valor semántico que sugieren los términos. Estos matices dependen, en gran medida, del valor semántico y del uso en contexto que se le da a la base léxica del término.
En adelante el morfema flexivo de género se escribirá dentro de paréntesis.